Alejandro caminaba de un lado a otro de la sala de comunicaciones del refugio que la Tercera División tenía a la entrada prácticamente de la ciudad, un lugar a todas luces arriesgado, pero que, por otro lado, también les proporcionaba el poder trabajar con rapidez a la hora de actuar debido a su ubicación. El joven estaba preocupado por la tardanza de Minerva en la ciudad, se suponía que estaría solo un rato en Omnia, pero y se estaba tardando demasiado. —Boris… ella se está tardando mucho ¿No crees? — sin dejar de caminar de aquí para acá. Boris lo miró con su impaciencia, flor de piel. —Debes calmarte Alejandro, ella sabe lo que hace. —Lose, no pongo en duda su profesionalismo en este asunto, pero igual me preocupa… — ¿Por qué no me ayudas a analizar esto? — Mostrándole en la pantal

