CAPITULO 26

1013 Palabras

Freya subió las escaleras del jet con pasos medidos, intentando no parecer tan impresionada como se sentía. Pero fue inútil. El interior era demasiado. Asientos de cuero blanco, amplios y reclinables. Cortinas beige perfectamente alineadas. Una alfombra mullida bajo sus pies. Pantallas empotradas, cava de vinos y una mesa de trabajo de nogal con acabados dorados. Todo silencioso, perfumado a maderas y cítricos. Intimidantemente limpio. Alexander subió detrás de ella y, como si fuera el dueño del cielo (porque, bueno, lo era), señaló hacia uno de los sillones junto a la ventana. —Siéntate ahí. La vista es buena y es el asiento más seguro —dijo, sin titubeo. Freya obedeció, pero no sin soltar una risita nerviosa. —¿Así que también eliges en qué lado del cielo debo mirar? Alexander se

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