CAPITULO 44

1228 Palabras

Cuando llegaron a casa, el cielo ya estaba completamente cubierto de sombras azul profundo. Las luces cálidas del interior les dieron la bienvenida, y en el comedor, la cena ya estaba servida sobre una mesa perfectamente dispuesta: vajilla de porcelana, copas altas, velas encendidas. Todo impecable, como si la casa también supiera que ellos eran diferentes ahora. Alexander se quitó el saco con ese gesto elegante y automático de siempre, mientras Freya dejaba su bolso en el perchero y se acercaba a la mesa. —Mira nada más —dijo con una sonrisa—, ¿crees que la casa nos ama o es solo el chef intentando que firmes un nuevo contrato? Alexander solo alzó una ceja, divertido, y ambos tomaron asiento. Freya empezó a hablar mientras comían. Su entusiasmo era como una brisa fresca, y Alexander,

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