El aire se volvió más denso cuando el anfitrión de la gala —un magnate del sector energético, con voz de trueno y falsa simpatía— tomó el micrófono. —Damas y caballeros, esta noche celebramos no solo el éxito empresarial, sino la resiliencia, el liderazgo… y el carácter. Y por eso… es un honor tener entre nosotros a alguien que ha demostrado que la grandeza no necesita estar de pie para brillar. Un aplauso para… Alexander Dorne. Todos los rostros giraron hacia él. Algunos sinceros. Otros sorprendidos. Y muchos más esperando ver si se atrevería a hablar desde esa silla. Alexander se quedó en silencio unos segundos. Los nudillos tensos. Las emociones acumuladas bajo una fachada de granito. —Puedes rechazarlo —murmuró Freya, inclinándose a su oído—. Nadie te obliga. Él la miró. Luego alz

