CAPITULO 34

1234 Palabras

Al llegar al ascensor, él presionó el botón sin soltarla. Ella suspiró y murmuró: —Me debes sushi. Él bajó la mirada, complacido. —Te lo gano con postre. Y las puertas del ascensor se cerraron. Cuando las puertas del ascensor se cerraron, el silencio envolvió el espacio. Apenas pasaron unos segundos antes de que Alexander soltara un leve suspiro, uno de esos que anuncian tormenta. Sus ojos, fijos en ella, ardían con un deseo contenido demasiado tiempo. Y entonces, sin previo aviso, la acorraló contra la pared acolchada del ascensor. Una mano en su cintura, otra en la base de su cuello. Freya apenas tuvo tiempo de tomar aire cuando sus labios encontraron los de ella en un beso tan intenso como preciso, como si se lo hubiera prometido a sí mismo desde antes. La besó como si el mundo n

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