Habían pasado dos meses. Dos meses casi invisibles. Dos meses que no parecían haber sucedido. ¿Y saben por qué lo digo? Porque aquella noche en la que Dyl y yo descubrimos algo importante, pero no hicimos nada al respecto. Sentía que esos dos meses no habían merecido la pena. Esos meses, en realidad, solo sirvieron para notar que cosas habían cambiado y que cosas no. Desgraciadamente la única cosa que no había cambiado éramos Dyl y yo. Nuestra relación era tan perfecta como antes. Sentía que nunca me casaría de tenerlo cerca de mí, de sentir sus labios sobre los míos o de tomar su mano siempre que pudiera. Lo quería demasiado. Lo amaba. Sé que esa frase da diabetes, pero no puedo hacer nada al respecto. En conclusión, mi noviazgo con Dyl no había cambiado, solo se había hecho más só

