—¿Acaso no me oyeron? —exclamó el rey Elysios, aún en estado de shock, mientras curaba con facilidad la herida en su hombro producida por Cirdán. Dirigió su atención a sus guardias y ordenó—: Encarcélenlo, ¿o es que todo lo debo hacer yo? Con esas palabras, los guardias de la corte se apresuraron a capturar a Cirdán, quien ya no tenía suficiente fuerza para resistir. Aun así, luchó por evitar ser llevado y, al pasar junto al rey hada, le advirtió: —Si llegas a lastimar a mi humana o a ponerle una mano encima, juro por la diosa Eliane que no descansaré hasta matarte. —Las amenazas de Cirdán resonaron frente al rey, lo que provocó que uno de los guardias le diera un puñetazo en el rostro por semejante falta de respeto. Elysios abrió los ojos sorprendido al escuchar el nombre de la diosa m

