Lorenzo sirve una copa, necesitaba bajar todo lo que Isabella en su momento de locura le había subido. Y es que ella lo estaba tentando, y no solo físicamente. Isabella, se retira la camisa de él, al tiempo de que la reemplaza por su vestido. Ella acomoda su cabello mientras lo observa, definitivamente él se estaba volviendo un pecado lo suficientemente tentador que ella sería capaz de cometer al menos una vez en su vida. —¿Al fin me vas a cocinar? —ella pregunta intentando contener la risa. —No… en realidad no soy tu esclavo. —Pero podrías serlo. —Lorenzo rueda sus ojos, esta vez no se dejará ganar por sus impulsos y por las palabras de ella desmedidas—. Bueno, por lo visto ya te pusiste un poco aburrido. Llévame a la fiesta, te recuerdo que soy tu jefe y es una orden. Te doy cinco

