CROW Nos quedamos así por un momento. No sé cuánto tiempo pasa. Podrían ser segundos, minutos, horas. El mundo se reduce a su cuerpo contra el mío, a la cadencia acelerada de su respiración, al modo en que sus músculos se tensan como si estuviera lista para saltar… o para romperse. Y entonces, lo hago. Aspiro su olor. Ese maldito aroma que se ha convertido en una droga para mí. No necesita perfumes ni lociones, aunque debo admitir que ese jazmín mezclado con vainilla que a veces lleva también es delicioso. Pero esto… esto es distinto. Es su esencia. El calor que emana de su piel, el sudor apenas perceptible en su nuca, su miedo… o de su rabia. No lo sé, y no me importa. Es el jodido infierno ardiendo. Y yo soy un pecador dispuesto a quemarme. —¿Qué demonios haces? —susurra, pero su

