Al despertar, un mareo se presentó en la cabeza de Raven, sin embargo, parpadeó lentamente hasta acostumbrarse al nuevo y desconocido panorama.
Un páramo.
Ectáreas de terreno arbolado era lo único que la rodeaban, el cielo amarillento le confesó que pronto caería la noche. Al colocarse de pié, sacudió todo rastro de barro y ramitas de su trasero y dió varias vueltas para ubicarse de alguna manera. Pero no había ningún camino que recordara.
—¿Hola?
Pese a que recordaba el extraño asunto con aquel tipo moreno, se encontraba algo desorientada mientras movía la rama de un árbol y, con su mano libre, daba caricias a su vientre ligeramente abultado por el crecimiento de una nueva vida.
—¿Hola? ¿Alguien puede decirme dónde estoy? —al no recibir más respuesta que un crugir de algunas hojas secas bajo las suelas de sus zapatillas, se angustió—. ¡Ayuda!
Soltó un pequeño jadeo de sorpresa junto a un saltito al escuchar que algo sonaba justo a su izquierda, al volver la vista hacia el orígen de aquel sonido, visualizó que se trataba de un arbusto moviéndose y, acto seguido, su garganta ahogó un grito de horror al ver cómo de las hojas salía una serpiente de cascabél.
Aunque la piel de aquel reptil era tan peculiar y admirable, su singular apariencia pasaba a un segundo plano cuando todo admirador reconocía su especie al percatarse de la sonaja en su cola, y al recordar lo mortal que podía llegar a ser un simple acercamiento imprudente.
Raven retrocedió unos cuantos pasos por instinto, pero quedó aún más anonadada al ver que la serpiente no mostraba ni la más mínima intención de acercarse a ella, en lugar de eso, comenzó a trazar su propio camino, haciendo sonar su cascabel para avisar de sus pasos a todo ser vivo oculto.
No sabía cómo, mucho menos por qué, pero de inmediato Raven supo que debía seguirla.
Teniendo a la víbora de guía y a la decadente fe como ligero equipaje, la chica caminó metros y metros de bosque hasta quedar frente a una enorme cueva que aparentaba ser de todo, excepto hóspita.
La serpiente alzó la mitad de su cuerpo como una señal para que Raven no detuviera su andar, y acto seguido de su cascabel emanó una luz amarillenta que le permitía iluminar el suelo y bañar la oscuridad.
Aunque aquello era extremadamente antinatural, Raven no se detuvo a dudar y siguió su camino hacia el interior de aquella cueva, arrepintiéndose por primera vez entre suspiros de haber abandonado su casa.
El sonido del cascabél y su respiración hacían eco en el lugar junto a una gotera que parecía estar sonando a lo lejos.
La serpiente se detuvo justo frente a una especie de puerta hecha con troncos finos y hojas doradas, trepó hasta la manija y se enrrolló en ella para comenzar a convertirse lentamente en madera, transformándose en un agarradero.
La chica sólo frunció el ceño y haló la cabeza de la serpiente con los dedos temblorosos. Dio un paso adelante después de suspirar y cerró tras de sí, quedando en una negrura que no le permitía ver ni sus propias manos.
Intentó avanzar, pero chocó tontamente con una pared. Entonces se dio media vuelta para abrir la puerta y salir de allí, pero chocó con otra pared. Había quedado atrapada en una especie de cubículo de piedra.
—¿Hol...? ¡Ah! —gritó al sentir que el suelo empezó a moverse, la siguiente sensación que la embargó fue estarse elevando en una especie de ascensor.
Con el corazón en la garganta y los nervios arropando su dermis, alzó su rostro y logró visualizar una pequeña luz a lo lejos que se hacía más grande conforme se elevaba. Cuando el piso dejó de estremecerse, dio una vuelta sobre su propio eje, encontrándose con un panorama absolutamente blanco.
Vio hacia abajo, y lo que segundos atrás fue un suelo rocoso, ahora no era nada más que la superficie impóluta que pisaba.
En la soledad de aquel lugar acendrado, Raven comenzó a caminar, parpadeando rápidamente en un estúpido intento de despertar del sueño que esperaba estar teniendo, con la minúscula esperanza de no estar en la realidad.
Pero se trataba de una simple esperanza sin posibilidades de ser cumplida, al igual que ese sueño.
Achinando ligeramente sus ojos, vio unos aviones situados a varios metros de donde estaba, fue entonces cuando presumió en sus adentros que se encontraba en un angár. Tuvo la intención de acercarse a aquellos vehículos aéreos en busca de pistas de lo que estaba sucediendo, no obstante, no pudo dar ni un solo paso, ya que unos colores titilantes llamaron su atención.
Frente a ella se manifestó un rectángulo flotante que mostraba el holograma de un hombre albino con rasgos únicos y fascinantes, sus ojos color ocre mirando fijamente los iris cafés de Raven sin revelar expresión alguna, su cabello color miel haciendo juego con las pecas que se esparcían sobre el puente de su naríz perfilada, sus rasgos lo hacían ver como un círculo cromático de color amarillo en versión humano, siendo su piel blanquecina el lienzo en el que reposaban.
—Hola, Raven —pronunció el albino, serenidad brotando de su tono de voz.
La susodicha crispó la frente y abrió la boca para cuestionar cómo aquel hombre que no había visto en su vida tenía conocimiento de su nombre, pero él la interrumpió antes.
—Mi nombre es Dante. Soy el creador de una realidad virtual llamada Ludxaven —enfatizó—, y amo de El Imperio. Cada vez que encendías tu celular, me permitías verte gracias a una cámara oculta en el dispositivo portátil. Tu teléfono, al igual que el resto de su serie y marca, fue diseñado por mí, pero eso no lo sabías porque le pagué a alguien para fingir ser el creador de tales móviles —sonrió abiertamente.
«Psicópata» fue lo que pensó la chica, pero no fue capaz de decir algo porque estaba que se orinaba encima.
—Te he elegido para jugar en Ludxaven —volvió a sonreír—. Tu personalidad cumple con todos mis estereotipos de jugador perfecto.
—¿Qué...? —emitió ella, a medias.
—Sólo debes saber que necesitas treinta soles de hielo para no morir. El Imperio se trata de un conjunto de fases, y cada fase cuenta con siete niveles que deberás atravesar para poder llegar a la pirámide de las almas vagas y así regresar al mundo real, a donde perteneces.
—Pero si yo no quiero estar aquí—se atrevió la chica a pronunciar—. ¡Quiero volver a casa, maldito loco!
Ante el insulto, el tal Dante se mostró hermético.
—¿Quién querría ser parte de la realidad, Raven? No es más que un mundo soporífero e infame. Ludxaven es casi lo mismo, pero divertido y virtual.
—¡No quiero estar aquí, psicópata!
Entonces, Dante soltó una risa sardónica sin despegar los labios.
—No escogiste estar aquí, primor, pero dime, ¿acaso elegiste nacer? —alzó una de sus amarillentas cejas—. Tu existencia ha sido manipulada desde que eras un espermatozoide en los testículos del progenitor al que nunca conociste, no vengas a quejarte ahora.
El rostro de Raven empezó a arder de la impotencia y, por instinto, llevó ambas manos a su vientre, el cual ahora se encontraba plano. Sus ojos amenazaron con salir de sus cuencas.
—¡¿Qué le hiciste a mi bebé?! ¡¿Qué mierda quieres conmigo?! ¡Mi bebé...!
—Ay, drama ambulante, era solo un feto de siete semanas, deja el show —Dante blanqueó los ojos—. Te estorbaría en la realidad, y lo haría también aquí, deberías ser más grata y dedicarte a terminar de escuchar mi explicación.
—¡Maldito! ¡Regrésame a mi bebé...!
Al ver que Raven no mostraba intención de dejar de vociferar improperios, el hombre albino hizo un movimiento con su índice derecho e hizo que el ícono de mute se adhiriese a los labios de la chica, silenciándola.
Ella se llevó los dedos a los mismos, sus mejillas inflándose por las palabras no dichas que se atascaban en su boca.
—Como te decía... —continuó Dante, entrelazando sus inmaculados dedos—. En cada nivel, debes ir recolectando soles de hielo para asegurar vidas, mínimo deberás tener treinta para asegurar tu próxima partida en caso de que un némesis te elimine, los némesis son los diversos enemigos que encontrarás en cada nivel. Al llegar a la pirámide de las almas vagas, deberás resolver un acertijo y así, alcanzar la esfera de Hécate y regresarás a tu tan deseado y aburrido mundo real. ¿Dudas?
Apenas el ícono fue borrado de su boca, Raven suspiró al darse cuenta de que no tenía ninguna otra opción que hacer caso a aquel albino malígno.
—¿Por qué se llama Pirámide de las almas vagas? —inquirió.
—Allá lo descubrirás. Ahora, deberás seleccionar las características que desees para tu ávatar.
—¿Ávatar?
Dante hizo oídos sordos a la inquisición y un segundo rectángulo apareció a su lado, mostrando una especie de traje enterizo unisex, semejante al que llevaba 003.
—Selecciona el color de tu zahvlar —ordenó el albino.
Raven supuso que con "zahvlar" se refería a un traje. Se ahorró las preguntas y presionó un cuadro de color verde militar.
—Ahora, escoge tu mochila —pidió Dante cuando otra imágen se mostró en la pantalla. Raven tocó la imágen de una especie de bolsa llamada "Koala" que se amarraba a la cintura—. Buena elección.
Luego la pantalla reflejó un puzzle que mostraba spoilers de los niveles del juego, pero un candado grisáceo impedía que Raven tuviese el acceso completo.
—¿Por qué no puedo hacer nada? —cuestionó la chica, presionando la pantalla sin obtener resultados.
—Esta opción ha sido bloqueada para ti —expuso Dante—. Tu ávatar tendrá el defecto de no poder camuflarse durante el toque de queda por haber faltado al respeto de tu amo. Y en cada fase los demás jugadores podrán modificar sus zahvlar y habilidades, excepto tú.
Segundos más tarde, la pantalla mostró otra imágen.
—Elige tus armas. El límite son tres.
Habían artefactos que la chica ni siquiera conocía, y divagó entre múltiples opciones hasta decidirse por unas especies de boomerangs filozos, unos anillos de los cuales salían garras al apretar los puños, y una especie de rama con una cinta elástica llamada "china".
Cuando la pantalla desapareció, el cuerpo de Raven levitó y fue envuelto por un polvo amarillento, enceguecida, vió cómo su piel se pixelaba hasta moldearse y hacerla lucir como una muñeca animada. Su ropa fue reemplazada por la zahvlar verde que había escogido junto al koala, el cual ya llevaba las tres armas en su interior.
—¡Agh! ¡Maldición! —escuchó un quejido masculino a su lado cuando volvió a quedar de pié sobre el suelo y el polvo amarillento la dejó libre, ahora como un ávatar y no un humano.
Cuando volteó, se encontró con un chico arrodillado en el suelo. Llevaba puesta una zahvlar púrpura y un koala al igual que ella, el chico la vio de reojo, Raven notó que sus iris desprendían un inusual color escarlata.
—¿Otra vez, Zerty? —inquirió Dante—. Hace una hora estabas por pasar a la tercera fase.
—Me haló la pantorrilla una de esas manos horribles —el chico se sacudió—, ese lago es tan biscozo y horrible, puaj. ¿Qué tenías en la cabeza cuando lo creaste, eh?
—Sólo me basaba en la historia original —confesó el albino, riéndose—. Llévate a esta novata, te daré cuatro soles helados como recompensa si la acompañas hasta el quinto nivel al menos.
El chico escaneó a la novata con sus iris rojas, bufando, pero extendió su mano con resignación, Raven la estrechó tras dudar unos microsegundos.
—Soy Zerty.
—Yo Rav...
—¡j***r! ¡Estúpidos chroochers caras de culo, imbéciles...! —una nueva voz femenina se manifestó en el lugar, interrumpiendo las presentaciones.
Dante, Raven y Zerty voltearon, una chica halaba su cabello rubio mientras su rostro ardía del cólera. Vestía un zahvlar rosa y una mochila colgaba de su espalda.
—Chroochers, eh, ¿Monse? —se burló el chico.
—Cierra la boca, Zerty —siseó la aludida, fijando su vista en la desconocida y recién llegada—. ¿Quién eres tú? —la miraba con un escrutinio para nada agradable.
—Ten más hospitalidad con los nuevos, Monserrath. Estoy cansado de decírtelo —reprochó el albino, aún en la pantalla.
—¡Llevo casi seicientos años aquí dentro, Dante! ¡No me jodas!
Raven se sintió un poco incómoda al ver cómo la chica rosa la escaneaba de piés a cabeza con sus enormes ojos azules, y se molestó al notar que, al parecer, todos los ávatars tenían confianza con el amo de aquel juego del infierno que ni siquiera conocía con exactitud.
Esperen... ¡¿Acaso dijo seicientos años?!
—No es mi culpa que seas tan lenta a medida que avanzas —excusó el albino—. Me sorprende ver cómo siguen engañándote los Chroochers.
Ella le mostró su dedo corazón y se acercó a la nueva.
—Así que tenemos carne fresca —rió con malicia—. Veamos cuánto aguanta esta...
—Mhmm... Hola, Dante —otra voz femenina y algo chillona interrumpió a la chica rosa.
—¿Tan rápido? Apenas llegaste hace seis horas —el aludido suspiró a la chica que miraba al resto con confusión—. Bueno, al menos no renaudarás la partida sola. Ellos son Zerty, Monserrath y Raven, la última llegó hace unos minutos —luego se dirigió a los susodichos—. Chicos, ella es Joanne.
—¿Qué le pasó a tu ojo? —cuestionó Monserrath, viendo a la chica morena que acababa de aparecer con una zahvlar gris y un parche en su ojo derecho.
—Me dejó tuerta un Chroocher —exhaló profundamente—. Es un gusto conocerlos. Pueden llamarme Anne.
—¿Q-qué es un kroshar? —tartamudeó Raven, temiendo a tal cosa sin antes haberse enfrentado a ella.
—Chroocher —corrigió Zerty, atando sus agujetas—. Son némesis cambiaformas, ya me han enviado devuelta aquí un par de veces.
—A mi cuarenta y tres veces —se quejó Monserrath, cruzada de brazos.
Raven pasó saliva invisible como respuesta.
—Un Chroocher puede hacerse pasar por cualquiera de nosotros y no hay manera de que puedas descubrirlo —continuó explicando el chico—. Aparecen pocas veces, pero están en todos los niveles y... El truco del juego es no confiar en nadie —se incorporó, sacudiendo sus manos y expulsando una bocanada de aire—. Ni siquiera en ti misma, por cierto...
—Ya, que solita se dé cuenta de lo demás —lo cortó Dante—. Vayan a la avioneta, que casi inicia el toque de queda y no pueden estar en el angár hasta al amanecer.
Al ver que todos empezaban a trotar hacia la derecha en dirección a los vehículos aéreos, Raven los siguió.
—Oigan, me explicaron lo de los niveles, pero, ¿exactamente cómo se juega? —inquirió la nueva, siendo ignorada por el trío.
Cuando los cuatro abordaron la avioneta, fue la morena del parche quien se tomó la molestia de aclarar su duda antes de comenzar a pilotar:
—Básicamente, correr e intentar que no te aniquilen.