Narra Fernando
Le conté a mis padres sobre lo que me estaba pasado, ahora siento que valió la pena salir de mi tierra, de mi casa, para venir a cumplir mis sueños. No desprecio lo que aprendí en otro lugar, pero entendí que nadie es profeta en su tierra.
Han pasado un par de días desde que me dijeron que seré ascendido, el equipo está trabajando en la preparación de una cena especial en la que se anunciará la gran noticia, aunque a estas alturas no es algo que nadie sepa.
—Señor, aquí le enviaron para que escoja el menú para la cena.
Anna me trajo diferentes opciones de platillo, es una tradición que la persona homenajeada o celebrada durante la cena, sea quien escoja los platillos que se sirven.
—Gracias Anna, déjelos por ahí, más tarde reviso.
La chica los deja en la esquina más despejada de mi escritorio, se da la vuelta y justo antes de salir de la puerta dice:
—Hace un rato llegó algo para usted, creo que era de la embajada.
—¡¿Sí?! ¿Dónde está?
—Oh, el señor Pablo lo tiene.
—¿Por qué el CEO lo tiene?
—Pues, justo pasaba cuando lo trajeron, así que se lo llevó con él.
Me puse de pie para ir por mi documento, pero cuando di un par de pasos para rodear mi escritorio y salir, recibo una llamada.
En la pantalla se veía el nombre de Pablo.
—¿Hola?
—Fernando, necesito que venga de inmediato a la oficina.
—Si señor, ya voy.
Tenía un mal presentimiento, algo dentro de mi me decía que algo estaba muy mal.
Casi que corrí por el pasillo, subí al ascensor y me dirigí a la oficina principal.
Toqué un par de veces la puerta, ya las piernas me empezaban a temblar.
—Pasa, Fernando.
Al abrir, veo al señor Pablo mirando a través del cristal de su oficina.
—Dígame, ¿Qué sucede?
El señor Pablo se da la vuelta y mira hacia su escritorio, por la manera en la que exagera sus gestos; sé que algo no anda bien.
—Esta mañana recibí la respuesta de la embajada, decidí tomarlo porque igual es algo que te iba a pedir y de manera atrevida decidí llevarlo conmigo.
—Si, Anna me comentó.
—Fernando, te he manifestado en muchas ocasiones que eres el mejor en lo que haces, ¿verdad? Que tu trabajo es sin duda alguna el mejor y que… ¡Ay, Dios! ¿Cómo se supone que diga esto?
El hombre parece ansioso.
—¿Pasa algo? ¿cometí algún error?
—Fernando, lamento decirte que no podemos ascenderte.
—Espere, ¿Qué?
El hombre toma el sobre y niega con su cabeza al tiempo que frunce su boca.
—Te negaron la visa, Fernando.
El mundo se me vino encima, casi que mi respiración se agitó hasta el punto de quedarme en blanco.
—Eso no puede ser posible, yo pedí la solicitud como la primera vez y… no puede ser, debe haber un error.
Mi jefe me entrega el sobre y efectivamente mi visado fue negado.
—Lamento que no seas tú, de verdad ya te visionaba liderando los mejores proyectos desde la oficina de director.
—No señor, déjeme ver que ocurrió. Deme un momento y ya vuelvo, no nos apresuremos en decisiones que son tomadas bajo las emociones.
Salgo corriendo hacia mi oficina, como si en ella pudiera encontrar la respuesta de lo que pasa.
—¿Qué hago? Tal vez deba ir a la embajada.
Se me da por abrir el sobre y sacar los documentos, en el formulario me doy cuenta de que algunos campos están mal formulados.
—Maldito afán que siempre me hace hacer todo mal.
Llamo a mi jefe y le digo que volveré a la embajada, que fue un error sencillo del formulario.
Recojo mis cosas para salir, pero en medio de mi momento de crisis, aparece la secretaria.
—Señor, aquí tiene la revista que pidió.
—Déjela por ahí.
La chica deja la revista en el escritorio y pregunta:
—¿Se va? Pero tiene una reunión con un socio, ¿Qué le digo?
—Si, debo ir a la embajada, pero dígale que espere.
—Oh, ya el señor Pablo le entregó su paquete.
La chica se inclina un poco hacia la hoja y parece leer lo que dice, cuando me doy cuenta la quito y la vuelvo a meter en el sobre.
—¿Le negaron la visa?
—Es un error sencillo, iré a resolverlo.
—¿Quiere que lo deporten?
—No me van a deportar, no exagere.
—Si, allí dice que ya cumplió los días de estancia en España, ¿se le olvidó renovar antes?
—No pueden deportarme —digo negándome a toda mala vibra.
—Pues en este momento está como ilegal, entra en situación irregular, la ley de extranjería lo tendrá en la mira.
Mi jefe ingresa a mi oficina interrumpiendo el momento de estrés que estoy atravesando.
—Fernando, no vayas, mejor déjalo así; esto puede ocasionar sanciones importantes y no queremos que nadie salga afectado.
—¡No! No, señor Pablo. Puedo conseguir una prórroga ante inmigración o algo.
—Fernando, eso debiste hacerlo dos mese antes de la fecha de vencimiento, ¿Cómo pudiste olvidarlo?
Un silencio incomodo aparece, me apoyo en mi escritorio confundido, no puedo creer que esto me pase a mí.
—Dejaré a López en el cargo de director mientras puedes solucionarlo, luego vuelves a tu puesto de coordinador y esperamos a ver como se desenvuelven las cosas para ti más adelante.
No, no, no. Eso no puede ser, yo no me he esforzado tanto para esto.
—No, señor. Eso no será necesario, porque… porque Anna y yo vamos a casarnos.
—¿Qué? —cuestiona mi jefe.
—¿Quién? —pregunta Anna.
—Si, ella y yo vamos a casarnos —digo caminando hasta ella y rodeando sus hombros con mis brazos—. Por eso no gestioné antes mi proceso, porque… porque iba a gestionar mi nacionalidad española por matrimonio.
Anna tenía los ojos muy abiertos, me miraba de manera extraña y rezaba para que dejara de enfocarme con su mirada juzgadora. Lo bueno es que dé la impresión se quedó muda, de lo contrario lo hubiera echado todo a perder.
—Vaya, eso si que no lo esperaba, que gran sorpresa. ¿Cuándo pensaban decirlo?
—Sería en la cena, señor. Pero parece que fue el primero en enterarse.
—Quien lo diría, pero no se preocupen por mí, yo no le diré a nadie. El secreto está guardado conmigo. Bien, parece que aquí no ha pasado nada, iré con López para decirle que fue una falsa alarma.
Mi jefe se retira y nos deja solos en la oficina.
Miro a Anna y aun tiene esa expresión.
—¿Qué pasó aquí?
—Tiene que ayudarme, no puedo permitir que el trabajo de tanto tiempo se vea arruinado por un maldito papel.
—No pienso mentirle a la ley, ¿quiere que vaya a la cárcel o que pague alguna multa? No, Anna no hace esas cosas, iré ahora mismo con el señor Pablo, y le diré la verdad.
La chica camina hacia la puerta y una idea se viene a mi cabeza, fue justo lo que charlé con ella.
—Espere.
—No me va a convencer, mis padres no se desgastaron una vida enseñándome valores para salir con esto, no, no señor.
—Le daré el cargo en el equipo de diseño.
—¿Que dice?
—Si, si me dan el cargo de director tendré el poder para ascenderla o puedo convencer al señor Pablo de hacerlo, pero si no tengo ese puesto, usted se quedará como secretaria de Style toda la vida; si es que no la reemplazan antes.
—¿Solo debería casarme y ya?
—Si, vamos a casarnos. Yo tendré mi residencia y usted podrá pintar todo lo que quiera.
—No creo que sea tan sencillo, ¿Cómo puede estar seguro de que nadie se dará cuenta? Esto no es una de esas películas, es la vida real señor Fernando.
—No, es que no será fácil, porque hay un nuevo artículo en el código civil español. Lo sé porque le leí. Es difícil obtener la nacionalidad directamente por contraer nupcias con alguien de aquí.
—¿Qué código? ¿Cómo sabe eso y no la fecha en la que debía renovar su visa?
—En fin, le decía que es complejo, pero es la ruta más fácil.
—No lo sé, es tentador lo de trabajar en diseño, pero…
—Podemos hacerlo —digo convencido.
—¿Cómo?
Regreso a mi escritorio y abro mi laptop, estoy seguro se haber leído algo relacionado a eso, estoy seguro. Tecleo un poco antes de encontrarlo.
—¡Aquí esta! Dice que debemos seguir un procedimiento, lo primero para conseguir la residencia en España por matrimonio, es demostrar la convivencia continuada durante un año en el territorio español con mi pareja. Es decir, con usted. Esa será la vía para poder presentar su expediente de nacionalidad española. Sería un proceso de nacionalidad por residencia y no nacionalidad por matrimonio.
La mujer parece aterrada.
—¿No dice cuanto tiempo de cárcel paga una persona por querer mentirle a lay?
—No sea pesimista, estoy seguro de que cuando esté con el equipo de diseño, no pensará en eso.
—No lo sé, no estoy segura de esto.