La noche cayó demasiado rápido sobre la Torre Alta. Como si alguien hubiera apagado el cielo. El Consejo selló las puertas con capas de runas nuevas, pero el aire seguía vibrando… como si algo caminara afuera, midiendo el lugar, oliendo grietas. Serin revisaba pergaminos y placas, tirando de su cabello. —Nada fue preparado para esto —murmuraba—. Sellar, contener… pero no dialogar con una puerta viva. Damián vigilaba el corredor principal, los sentidos en alerta. Cada ruido lo hacía erizarse. Elías estaba cerca de Aria. Siempre a un paso. No la tocaba, pero su presencia era ancla. La portadora cicatrizada, sentada en silencio, observaba a Aria como quien mira una tormenta y aprende sus nubes. —Sentís algo raro —dijo de pronto. Aria se sobresaltó. Porque era verdad. Un cansanci

