Capítulo 5

997 Palabras
Mis ojos se posan en ella, en ese cabello color miel y esos labios pintados de un labial rojo intenso. Apenas me ve una sonrisa tira de la comisura de sus labios, y sé lo que significa. No necesita decírmelo para saberlo. Se, mucho antes de tenerla enfrente y que comience a hablar, lo que quiere. La futura abogada Charlotte Férrea. Tan espectacular y elegante como siempre. Tan hermosa y caliente. Tiene todo para ser exitosa sin tanto esfuerzo. Su padre es abogado y dueño de una firma muy importante. —Demian —saluda, una vez que me tiene enfrente. —¿Qué haces por aquí, Lottie? —pregunto, ya que para mí es muy extraño tener que verla en el instituto y no en su apartamento. —Solo vine a verte —aclara—. Tuve una clase libre, así que aproveché para venir a preguntarte por qué ayer me dejaste plantada. Mis ojos se cierran con fuerza y miles de maldiciones —que no me atrevo a soltar— se me arremolinan en la punta de la lengua. Se supone que teníamos una cita, pero lo olvidé por completo. «Jamás te había pasado algo así». Me recrimina el subconsciente. «¿Qué es lo que está pasando contigo, Demian?». —Lottie, yo... —¿Elisa te tenía muy ocupado? Solo unos cuantos segundos pasan, en lo que no sé qué responder, hasta que le indico que me siga a una de las bancas del fondo para poder sentarnos. —Estaba muy ocupado ayer —me excuso—. Se olvidó, perdón. —Jamás te había pasado. —Sacude la cabeza en una negativa—. Siempre eras quien llegaba primero, desesperado, buscándome. Sonríe. Me muestra todos sus dientes blancos y perfectamente alineados. Luce tan angelical aunque, al mismo tiempo, sé que esa cara de inocencia es solo es una fachada. Mi mano viaja hasta su mejilla, donde le doy una pequeña caricia antes de tomarla del mentón y darle un beso profundo. Tarda unos cuantos segundos en responder, pero cuando lo hace su boca se abre y su lengua trata de buscar la mía con desespero; su sabor dulce se mezcla en mi interior y las dudas de mi cabeza se apaciguan por un momento. Cuando nos separamos, tengo la respiración agitada al igual que ella y su labial rojo se ha corrido. Lottie lo nota enseguida, así que saca un paquete de toallas húmedas, del pequeño bolso que carga consigo. Tomo su ofrenda, porque seguramente también estoy hecho un desastre por su labial. En eso, siento una mirada pesada sobre nosotros. Lottie también lo nota, y casi como si me leyera la mente, ambos miramos en aquella dirección. Elisa nos observa —a la distancia— y nos dedica una sonrisa a ambos; una que, por supuesto, Lottie no le regresa. Al cabo de un rato mi novia se pierde entre el campus acompañada de un tipo que no conozco. —Su relación es tan extraña —menciona Lottie—. Yo no podría estar con alguien sabiendo que anda por ahí follándose a otras. —Son acuerdos —aclaro—. Las personas no lo entienden hasta que lo viven. —¿Y estás cómodo con eso? —¿Con el tipo de acuerdo que tenemos? —pregunto. —Con que a ella la follen otros. —Puedo notar cómo tratar de reprimir una sonrisa. Me encojo de hombros. —No lo sé —digo, porque realmente no quiero dar mi verdadera respuesta. Sería muy hipócrita de mi parte hacerlo. —¡Vamos! Sabes que puedes ser honesto conmigo, Demian —susurra, mientras coloca su mano sobre mi muslo y comienza a dar un masaje sobre él, acercándose peligrosamente a mi entre pierna. —No estoy cómodo con ello —me sincero—. Es decir, preferiría que lo haga y no enterarme de ello. —¿Y entonces por qué...? —¿Por qué nos tenemos que avisar cuando estamos con alguien? —Termino por ella—. Eso fue idea de Elisa; es parte de los acuerdos que ella quería. —¿Y por qué querría saberlo? —insiste—. Además, si no estás cómodo con eso, hablalo con ella. Dile que no quieres saber qué hace, pero que tú sí le seguirás diciendo de ti. —No quiero hablar de eso —digo, porque es verdad—. Mejor dime cómo puedo enmendar el hecho de no haber asistido a nuestra cita de ayer. En ese momento se me acerca peligrosamente al rostro, su palma se posa por completo sobre mi m*****o, y con voz seductora murmura: —Tú sabes de qué manera enmendar el error. ¿Tienes alguna clase libre? —Mi clase extra de Literatura —respondo—. A las tres. —Te veré allí, entonces. Su mano se frota una vez más por encima de mí, dejando encendido mi cuerpo y con unas ganas abrumadoras de llevarla ya mismo al baño para poder enmendar aquel error. Deja un beso casto sobre mis labios, se levanta de la silla y hace su camino fuera del campo. Yo, en cambio, no puedo dejar de pensar en ella, en todo lo que provoca en mí y como es que es tan capaz de hacerme enloquecer solo por decir tan pocas palabras. «Tal vez es a Charlotte a quien necesito». Me digo. Elisa me gusta, le tengo cariño, pero siento que nuestra relación ya no es lo mismo como al principio y, aunque me cueste admitirlo, extraño lo que teníamos antes de estar en esta especie de relación abierta. Extraño cuando éramos solo ella y yo, en la privacidad de nuestra habitación, cuando no habían más personas de por medio. Pero soy un grandísimo cobarde que no es capaz de aclarar su incomodidad, solo por miedo de no herirla. A ella le gusta esto, y si le hago ver lo inconforme que estoy, probablemente vaya a herir sus sentimientos.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR