Capítulo 10

1229 Palabras
Las luces color neón iluminan todo el lugar. La música retumba por los altavoces y hacen eco en mi pecho, debido a la intensidad de la misma. Me siento decepcionado y aburrido y, al mismo tiempo, no me siento tan sorprendido porque ya me imaginaba que Elisa me traería a un lugar como este: a una discoteca. Me llevo el trago a la boca, que pedí hace un momento, y me lo tomo de golpe. Uno a uno los tragos pasan por mi garganta, solo para ver si así puedo aminorar las ganas que tengo de salir corriendo de aquí. Elisa se ha perdido hace un rato —No sabría decir con exactitud cuándo fue la última vez que la vi— y yo solo deseo desaparecer. Antes me la vivía en estos lugares, para mí era lo más divertido del mundo y, ahora, se siente tan aburrido y sin sentido. Sacudo la cabeza en una negativa. No entiendo qué me pasa. No comprendo qué me ocurre. En otro momento hubiera estado súper feliz de estar aquí pero... Ya no. Me siento tan infeliz y vacío, que apenas puedo estar sobre mi propia piel. De pronto veo a Elisa acercarse; viene con una sonrisa pintada sobre los labios y trae a un chico —al que no le calculo más de veinte años— tomado de la mano. Ambos se dirigen hacia a mí y yo solo me quedo mirándolos como tonto. Al principio no logro conectar los puntos en mi cabeza para poder entender qué sucede, o por qué mi novia camina hacia a mí con él. Hasta que finalmente entiendo... Cuando por fin lo hago, es inevitable que la ira me recorra entero. —Cariño —menciona ella, una vez que ambos se detienen frente a mí—, él es Edgar. Una sonrisa forzada se desliza sobre mis labios. —Edgar, él es Demian. Mi novio. —Nos presenta. Justo en ese momento me pongo de pie, dispuesto a no seguir más con esto. Me cansé. —¿Podemos hablar un momento? —Le pido a Elisa. Ella frunce las cejas, confundida. El chico a su lado parece indiferente a lo que ocurre a su alrededor. Seguramente ya debe cargar varios tragos encima. —Pero... —Inicia ella, pero la interrumpo. —Ahora. Sin esperar su respuesta, hago mi camino hasta el exterior del lugar, lejos de la música y el bullicio de las personas. Sé que va a seguirme de cerca. Que no necesito especificarlo. Me toma unos minutos esquivar al tumulto de personas que bailan y beben sin parar. Para cuando me encuentro fuera del lugar, me siento más aliviado y menos miserable. Elisa llega después de mí. Tal como imaginé, venía justo detrás mío. —¿Qué ocurre? —pregunta—. ¿Por qué...? —¿Por qué me trajiste aquí? —cuestiono, tratando de reunir la suficiente paciencia como para no irme sin darle explicaciones al menos. Su rostro no da crédito. Luce tan incrédula y confundida, que se queda muda durante unos cortos minutos de silencio. —No entiendo. —Sacude la cabeza—. ¿Ocurrió algo? Siempre te ha gustado venir aquí. —Justo hoy no estaba de humor para este tipo de ambientes. —Pudiste haberlo dicho antes. —¿Y me diste oportunidad, al menos? —Hago una pausa y, tras unos segundos, cuestiono—: ¿Por qué trajiste a ese chico? Ella se muerde el labio inferior. Duda un momento en si decirme o no, y esto lo confirmo por la manera en que sus manos se hacen puños a los costados de su cuerpo. —Esa era otra de las sorpresas que te tenía —susurra, con las mejillas ligeramente sonrojadas. Me cruzo de brazos esperando que diga algo más. Entonces, continúa—: Era hacer algo nuevo. Algo más interesante... —¿Más interesante? —repito. Casi puedo imaginar qué es. Estoy casi seguro de poder leer sus intenciones en esa mirada ansiosa que se carga. Pero necesito que ella me lo confirme. Necesito escuchar salir de su boca eso que me imagino que quiere que hagamos. —Sí —asiente con timidez—. Esto es algo que estuve pensando, quizás no estés tan de acuerdo, pero... —Elisa. —La interrumpo—. Habla claro. ¿Qué es lo que quieres? ¿Qué esperas que hagamos? —Que tengamos un trío con él —suelta, sin rodeos. Silencio. Estoy anonadado. Por unos segundos mi cabeza no logran conectarse los puntos en ella para tratar de espabilar y decir algo coherente. Me lo imaginaba. Casi podía adivinar que iba a proponer esto, pero... ¿Por qué me sorprende tanto? —Elisa... —Empiezo, una vez que confío en mi voz para hablar, pero ni yo sé qué quiero pedirle. —Demian —pronuncia—. Tal vez ni te guste la idea. Debe ser incómodo, quizás... —No es eso. —Sacudo la cabeza en una negativa—. ¿Acaso te has dado cuenta en lo que se convirtió nuestra relación? —Sin esperar su respuesta, respondo—: Todo se reduce a sexo. Y nada más. Ya no pasamos tiempo juntos, ya no hacemos otro tipo de actividades. Y es triste. Su cara se contorsiona en una mueca frustrada. —Creí que te gustaba eso —murmura. —¿El qué? —Hacer tríos, tener estos encuentros... Todo. —Lamento decepcionarte, pero ya no estoy interesado en eso. —¿Por qué no? Al principio parecías encantado con eso. —Ahora suena como si me lo reprochara. —Las personas se aburren, Elisa. Además, fuiste tú quien quiso iniciar con todo esto. Yo jamás lo propuse. —Pero lo aceptaste. —¡Para complacerte a ti! —¡Yo lo hice para complacerte a ti! —exclama de vuelta, en su voz se cuela la desesperación. Mis cejas se fruncen, confundido. —¿Por qué creíste que si me dejabas estar con más personas ibas a complacerme? —Porque tú eres así, Demian —replica—. Desde que te conozco, siempre has sido así. De nuevo sacudo la cabeza, porque no puedo creer lo equivocada que está diciendo eso. —Elisa, yo no necesitaba a nadie más —digo, porque es cierto. Y no puedo creer lo siguiente que estoy a punto de admitir—: Te necesitaba a ti. —¿Qué? —Solo quería estar contigo —admito—. Y ya no quiero seguir con esta relación abierta. —No te creo. Me siento incrédulo, confundido hasta la mierda. No tengo idea del por qué no me cree. Aunque debo atribuirselo a la mala reputación que he tenido a lo largo del tiempo en el instituto. Pero hablo en serio cuando digo que cuando la conocí a ella —a Elisa— ya no quería estar con más mujeres. Ya no me interesaban conocerlas, porque solo la quería a ella. Hasta que nuestra relación se volvió esto y cambió todo. —Me creas o no, esa es la verdad —digo—. Yo no estoy cómodo con esto. Ya no quiero este tipo de relación. Y si no estás de acuerdo, entonces lo mejor será que terminemos. Sin esperar su respuesta, giro sobre mis talones y hago mi camino fuera de aquel lugar.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR