Papá me miró con expresión severa. —Aquí es donde van las prostitutas, y tú quieres ser una de ellas.— —Sí, papi— sonreí. —¿Quieres que baile en un espectáculo de burlesque y muestre mi cuerpo desnudo a todos los hombres cachondos?— —¿Eso hace que ese agujero pecaminoso entre tus muslos se humedezca?— —Tanto, papi. ¿Quieres sentirlo? Limpié todo lo de antes. Así que todos los jugos son míos.— —Eres una tentadora malvada.— Me incliné y le acaricié el pene erecto que tensaba sus pantalones marrón oscuro. —Qué perverso, papi.— Si la palanca de cambios no me estorbara, me inclinaría y le haría sexo oral mientras conducía. Pero sí me estorbaba, así que simplemente lo acaricié hasta que aparcó en paralelo frente a un cine llamado Sunset Playhouse. Una flecha rodeada de bombillas amarillas

