La atmósfera del lugar cambió, se sentía muy pesado y el aire era difícil de respirar aunque esa sensación ya era conocida por Sandra. —¿Qué haces aquí?—Preguntó ella. —No puede ser que hayas olvidado nuestro pacto.—Respondió el diablo mientras sonreía mostrando unos ligeros colmillos color plateado. —No lo he olvidado, pero tu dejaste de venir mucho tiempo. —Tiempo, tiempo, tiempo, un complejo humano.—Se asomaba al balcón mientras hablaba.—¿Cuántas noches pasaron para ti? —64 noches desde la última vez que veniste. —¡Oh! Esas son muchas historias sin oir. Sandra tenía un choque de emociones, alegría, miedo e inseguridad eran algunas que en ese momento le inundaban la mente. Muchas veces pensó en reencontrarse con el, extrañaba a alguien que valorara sus historias y no juzgara n

