Me había quedado dormida, sin entender que era lo que Alma trataba de decirme. Estaba completamente fatigada. Necesitaba descansar y dormir un poco, pero me fue imposible. «¡Despierta!» Escuché que alguien me dijo. Gruñí con enfado. «¡Tienes que despertar!» Abrí los ojos de golpe. ─¡Déjame en paz, Ivana! ─grité, mientras me recostaba. Por menos de un segundo había olvidado que ya no me encontraba más en el orfanato. Volteé hacia mi compañera que continuaba dormida y malherida. Afuera estaba completamente oscuro. Imaginé que había dormido por lo menos una hora, a pesar de sentir que no fue ni siquiera un segundo. Traté de ponerme de pie para acercarme a Alma, pero un fuerte y agudo dolor en la espalda me lo impidió, obligándome a caer de narices al suelo. Como pude me arrastré y me c

