Hanna Harrison. Fui a la estúpida junta que tenía con los inversionistas, porque pese a todo, debía intentar ser muy profesional, aunque siendo honestos, me estaba costando demasiado. Los noté a todos bastante callados en la reunión, creo que se debió a que yo tenía una cara de que me estaba llevando el mismísimo diablo al averno y, cuando al fin logré salir de ahí me dirigí inmediatamente a mí oficina, tomé el teléfono y le marqué prontamente a mi abogada, quien, era una mujer altamente competente y la cual me estaba ayudando de forma extraordinaria en el seguimiento de mi caso. –¿Sí, hola? –me contestó una voz femenina. –Susan, buenas tardes, ¿pudiste revisar el documento que te envió mi secretaria? –le cuestioné con cierta desesperación. –Así es Hanna. –¿Tengo esperanzas? –L

