Lena Cross. Hilma, la mujer a la que sustituí, no había mentido cuando dijo que me enseñaría todo lo que sabía, me había educado de forma excepcional para este puesto, me había dicho todo lo que debía y no debía hacer, desde las costumbres de mi jefe, hasta las situaciones de esta gran empresa. –¡Trabaja duro y no te quejes! –fue lo último que me aconsejó antes de irse, en su último día de trabajo. –Ah sí y, cuídate de Hanna Harrison, su prometida. –me dijo. –¿Está comprometido? –cuestioné, ni siquiera me había dado cuenta de eso, estaba tan ocupada en aprender a ser una excelente asistente para él que, no me había inmutado de que el hombre estaba a punto de casarse, una extraña incomodidad se arribó en mi pecho, no podía explicarlo del todo, solo podía decir que algo me había removido.

