Aaron
—Le rompí el corazón a tu madre, prométeme que haremos todo para que ella sea feliz—
Abro mis ojos de golpe, ese sueño me recuerda las palabras que se han quedado como hierro en mi corazón. A pesar de que suenan tan simples, siento que son una piedra que cargaré toda mi vida.
Honestamente, mi madre no es tan fácil de complacer y de eso tengo muy malos recuerdos.
Mi abuelo siempre me insistía en hacer lo que mi madre pedía, y como niño/ adolescente/joven esperando el amor de su madre lo hice, juro que lo hice, pero ente las pocas reacciones humanas que tuvo la mayoría eran de enojo, hartazgo, incluso las menos dolorosas para mí fueron por compasión, pero nunca amor u orgullo, en otros momentos era demasiado indiferente. Me paso las manos por la cara con desazón.
Hoy llegan mis padres de visita, lo más raro del mundo. Saben que hice el examen profesional y esperaban que regresara, para mi fortuna tenía que quedarme un par de meses más para los tramites y para preparar la graduación, que las fiestas aquí son ley, los mismos meses que necesito para prepararme para el examen en ingeniería.
Me sorprendió la decisión que tomaron de venir, normalmente paso con Karim y Rubén cualquier logro académico u otra cosa. Pero ahora, viene mi hermana, mis padres y de nuevo mi abuelo, solo espero que sean días tranquilos.
Después de un par de horas me estaciono en el hangar privado de la familia de Karim, quien siempre está para apoyarme en todo, y ahora fue con prestar este espacio para que mi familia no tuviera que pasar por los controles comunes, esos que dicen que no están a su nivel. Ya me siento sofocado y apenas van aterrizando.
El primero en bajar es mi abuelo quien me da una mirada que traduzco entre que es de reproche y complicidad, o más bien de imposición, no ha pasado ni un minuto y ya está sobre mí esa carga o promesa. Respiro hondo para bajar los nervios y la desazón.
—Abuelo— Lo saludo con respeto y el sólo asiente.
Después, baja mi hermana Jennifer con mucha emoción, corre a mis brazos como cuando era pequeña. Sus risas y su abrazo me reconfortan, me recuerda esa infancia divertida, sin preocupaciones que tuvimos.
—¡Enana! — Le grito con diversión, aunque odia que le diga de esa manera, me sigue la corriente con sus risas.
—¡Sancudo! — Así es, mi apodo era sancudo por las piernas delgadas que tuve durante la adolescencia, antes de embarnecer y convertirme en este hombre tan guapo y bien proporcionado que soy.
Le doy vueltas hasta que escuchamos un carraspeo incomodo. No necesitamos voltear para saber quién es, ya lo sabemos: Mi madre.
—Bien, dejen de comportarse como unos niños inmaduros y sin clase, estamos en público, ¡Por Dios! — sus quejas es lo único que escucho después de años de no vernos. Bajo a mi hermana con pesar, mientras que ella hace un puchero de tristeza para después regresar a una expresión engreída que no me gusta para nada y que por lo que me han contado es la cara que siempre lleva.
—Hola madre— me acerco a ella con un poco de timidez y miedo, no sé si abrazarla, darle la mano o solo asentir con la cabeza.
—Hijo, recuerdas a Noemi, es la hija de los Rolls. Salúdala— Entonces, mi corazón se rompe otro poquito, solo me dio una mirada y pasó a observar con adoración a una chica que ni recuerdo.
—Buen día, señorita Noemi— respondo con seriedad y un poco de decepción, ignoro a la “colada” y volteo a ver a mi viejo—Papá, es un gusto verte— abrazo a mi padre, no necesito pensarlo, él nos dio todo su amor, era padre y madre a la vez, así que es común y reconfortante abrazarnos.
—Hijo, estoy muy orgulloso de ti. Te he extrañado mucho— sus ojos muestran ese brillo que siempre me hace feliz.
—Bien, Aaron, vayamos al departamento. Quiero que lleves a Noemi a conocer la ciudad, también para que se compre un vestido para esa graduación tuya—dice mi madre mientras camina hacia el auto. Y así se sube esperando que todos la sigan, no hay abrazo, no hay palabras de aliento, nada.
Volteo para ver a mi abuelo con ojos acusadores, el mentiroso dijo que mi madre me quería ver… es mentira, ni siquiera creo que quiera que regrese a casa. Él solo me ve como pidiendo comprensión, asiento, respiro hondo y me subo al carro. Todo el camino es una tortura, mi madre dándole instrucciones a mi hermana para sentarse bien y parecer elegante como toda una modelo principal de las empresas Wells, mi padre viéndola con amor, un amor no correspondido. Noemi me observa sonrojada y yo, yo solo quiero que deje de verme y tal vez, no estar en este carro, prefiero las fiestas con Rubén, incluso, las salidas más aburridas que nos obliga a hacer cada semana.
Al llegar al departamento ni siquiera me dejan bajar del auto cuando me envían con estas dos mujeres de compras a uno de los centros comerciales más exclusivos de la ciudad. Mi hermana y su amiga solo hablan de cosas que no tengo interés en escuchar, pero saltan mis alarmas cuando las escucho burlarse de las chicas que no van a la moda, se quejan del servicio en las tiendas y más cuando tratan de intimidar a las personas que las atienden. La ira se acumula en mí.
—Jennifer, no crees que es suficiente. La señorita te ha traído la última colección en vestidos completa y sigues molestándola— Mi hermana hace un puchero de niña malcriada mientras que su amiga ve con arrogancia a la vendedora y ni caso me hace.
—Puede o no atendernos como es debido, si no nos iremos y puedes despedirte de tu trabajo. Te dijimos que queremos la colección exclusiva, somos VIP, no queremos ver esto que cualquier persona puede tener— dice con arrogancia y ya estoy al punto del colapso.
—Es suficiente, dejen todo y vámonos. Mañana resolvemos la ropa que llevaran—digo autoritario— Muchas gracias por su atención— Le hago ojitos a la señorita quien me sonríe de vuelta bastante aliviada.
A pesar de que quieren seguir discutiendo salen conmigo sin decir nada. Mi hermana sabe que cuando me enojo me vuelvo como Hulk, soy insoportable. Mientras que su amiga me ve con cara de agraviada, incluso con lágrimas, como si hubiera dicho algo malo. La ignoro y subo al auto para dejarlas de nuevo en el departamento familiar.
Después de que se bajan le pido al chofer que inmediatamente nos vayamos, ya no las soporto. Desde que mi hermana se ha involucrado en el mundo de la moda se vuelve cada día más insoportable, además de que es resultado de las enseñanzas de mi madre que la ha moldeado a su conveniencia. Me duele verla convertida en una mujer superficial, son muy pocas veces que sale su yo real, como cuando nos abrazamos en el aeropuerto.