Era lunes por la tarde y ya todo estaba listo para que ambos chicos fueran a casa, por suerte Alan logró llamar a Clarisa para que fuera por ambos. Su teléfono no resultó dañado y logró comunicarse con ella. Al enterarse que Camilo iría en el mismo auto no paraba de hacer mini gritos cosa que no le causaba gracia a él, quedaron que iría por los dos a las dos de la tarde solo faltaban unos minutos. —Creo que era mejor irnos en taxi—sugirió Camilo. —Clarisa no tardará mucho, aunque a veces me provoque ahorcarla a ella no es impuntual. —Bueno yo solo decía, para no incomodarla—respondió. Tras varios minutos sin decir nada el silencio es interrumpido por la chillona voz de Clarisa, abraza a su amigo y le acaricia el cabello de manera cariñosa. Le expresa con cierta molestia no haber recibi

