CAPÍTULO VEINTICINCO Miles de personas estaban paradas en la plaza de Santa Belca en vigilia con velas, rezando por la protección contra la ola de caos que había llegado de no se sabe dónde mientras el sumo sacerdote élfico estaba parado en un podio alto encima de ellos, vestido con el atuendo rojo tradicional del liderazgo Taroian. Estaba haciendo lo mejor que podía para brindar esperanza a través del micrófono. - En el momento de nuestros días más oscuros, los Dioses eliminarán esta maldad como la han prometido. - dijo a través del micrófono. Honestamente, había estado haciendo esto por horas ya, y se le estaban acabando los versos, lo qué decir y la esperanza. El Padre Elrond nunca esperó ser el que tendría que lidiar con el fin del mundo. Las espadas habían aparecido, pero los Dioses

