Alicia Holmes
Un día en mi nueva vida, me levanto temprano y me preparo para ir a enfrentarme al mundo, ayer terminé de pasar el día con Treicy, se fue entrada la noche y se lo agradezco muchísimo, ahora estoy sola, me siento como desterrada.
Me arreglé rápido y bajé un poco desanimada, hoy no sería un buen día, lo presentía.
— Buenos días. — Salude a la chica que ponía la mesa.
— No sabíamos sus gustos para comer así que preparamos de todo un poco. Espero sea de su agrado. — Le sonreí y miré el banquete sobre la mesa. Frutas, huevos, tocino, panqueques, panes, chocolate. En fin, tal cual ella había dicho.
— Gracias... — No recordaba su nombre, sabía solo el del ama de llaves Ana.
— Mary, soy Mary señorita. — Le sonreí y asentí. Ella se iba, pela la detuve. Sería horrible comer sola.
— Mary, quédate por favor, acompáñame a desayunar. — Ella se sorprendió y se negó. — Si quieres llamamos a todo el personal y comemos todos, no me molestaría, pero creo que sería mucho trabajo tener que preparar más comida. — Miré mis uñas. — No sé qué opines tú. — Ella suspiró cansada y rodó la silla para sentarse. Sonreí victoriosa y empecé a devorar mi desayuno. Al terminar, fui a la cocina, si era la señora de la casa y era mi casa, iba a cambiar algunas cosas. Llegue a la cocina y estaban las otras dos. — Buenos días. ¿Cómo están chicas?, Señora Tere. Quiero anunciar cambios, el primero y más importante es que odio comer sola, por lo tanto, quiero a todas o una de ustedes todos los días, acompañándome. — Ellas se sorprendieron ante mi petición, seguí hablándoles sobre lo que quería cambiar que básicamente era solamente sobre unas cosas que quería en mi habitación y lo de la comida. Subí a mi habitación por mis cosas y luego baje, si no salía ya, llegaría tarde a la universidad. Al llegar a la puerta estaba un guapo Lucían esperando por mí. — Hola Lucían. ¿Podrías decirle al chófer que ya estoy lista?
— Yo seré su chófer, señorita. El carro ya está listo. — Salí delante de él y veo frente a mí una hermosa camioneta Jeep Compact Negra. Me abrió la puerta y nada más pude pensar en el lujo y dinero de mi esposo. No es que yo haya crecido en la pobreza, pero a mi padre le costó mucho levantar la empresa, pasamos por mucho, supongo que es por eso que hago esto, no sería justo que se perdiera el esfuerzo de tantos años del hombre que me engendro. Llegue a la Universidad y una emocionada y Sorprendida Treicy me abrazo de la nada. Para luego soltarle par de piropos a Lucían, este último es tan serio que ni se inmutó.
— Cada que te veo, quiero ser cereal, así me llenarías de... Mmm. — Le tapé la boca, que vergüenza y risa a la vez.
— Disculpa Lucían. Vamos. — La Jale por el brazo y ella iba muerta de risa, yo no aguante y también solté una carcajada, me sorprendía la audacia de mi amiga. Entramos a clases y el día transcurrió normal entre una clase y otra, hasta que llego a mi campo de visión mi ex.
— Hola hermosa. — Iba a acercarse y me alejé, él sonrió. — Te extrañé mucho, no sabes las ganas que tenía de verte. — Volvió acercarse y Treicy se puso en medio.
— Deja a mi amiga en paz animal. — Me defiende y él la empuja.
— No te metas estúpida, es con ella con quien quiero hablar. — Le grita.
— Yo no quiero hablar contigo, no tenemos nada en lo absoluto de que hablar. Ahora déjame en paz, largo. — Le grite y agarre a Treicy para irnos, pero al dar la vuelta siento sus manos en mi cabello, me detengo y él aprovecha para pagarse a mi cuerpo y hablarme al oído. "Vas a ser mía, tú eres..." Se calla y afloja su agarre, volteo y esta Lucían pegado a él en la misma posición que él y yo estábamos.
— No vuelvas a tocarle un pelo o te quemo las manos. — Le dice en un tono seco que me eriza la piel, Lucían tiene uno de sus brazos doblado hacia atrás y un arma puesta en su espalda a la altura de sus costillas. Mi amiga me abrazo y Lucían lo soltó con fuerza hacia adelante. — Ahora largo.
— Esto no se va a quedar así, tú y yo no hemos terminado Alicia. — Le da una mirada de enojo a Lucían y se marcha.
— ¿Están bien? — Nos pregunta y ambas asentimos.
— Llévame a casa Lucían. — Ahora él es quien asiente y camina tras de nosotras en la camioneta. Una media hora después estoy entrando a mi habitación.
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Mauricio Vitale
Amaneció un nuevo día, uno en el cual, desde que abro mis ojos siento que quiero despellejar a alguien, me debato entre sí me presento ante todos como el diablo o sigo manteniendo mi identidad oculta. Es arriesgado hacerlo, además de que me gusta el misterio. Mi abogado y representante es Andrés, él es un astuto gato, hace demasiado bien su trabajo. Aparte yo soy un sedentario, me gusta la tranquilidad, el silencio, el orden, el misterio, mis negocios legales van bien soy la cabeza y el rostro de ellos, la razón es mi madre, mi padre sabe perfectamente lo que hago y porque, apoya perfectamente todos mis movimientos, no me cuestiona, pero mi madre es otro cuento y ella es mi única razón para mantenerme oculto. Entro al gimnasio, hago mi rutina diaria, voy a la cocina y me preparo un café y luego voy a arreglarme para salir, antes de que pueda salir de la casa me llega un mensaje de mi nana pidiendo que la llame.
Llamada...
— Hola guapa. — Le encanta que le hable con soltura y bromeando.
— Hola mi niño, te comento que hay novedades en la casa, me dijiste que te contará cualquier cosa. — Mi nana es mi espía dentro de la casa.
— Cuéntame todo... — Le digo y ella ríe, me dice que mi esposa hizo unos cambios.
— Hijo, no la dejes tanto sola, no es normal que ella tenga esas exigencias, por lo menos acompañala en sus comidas, eres su esposo, es tu obligación. — Me sorprenden los cambios y a la vez me gustan, me hace pensar en las maravillosas cualidades de Alicia, noble, sencilla, humilde. Sea cuales sean las razones del trato, no hay ambición que se refleje en ella.
— Nana, por ahora no puedo ir, déjala ser, es su casa y está en todo su derecho, por favor cuida de ella y quédate pendiente de sus necesidades por mí. Yo aún no decido que hacer y no quiero presiones. — Le hablé sinceramente y fue un grave error.
— Me contenta mucho oírte hablar así, te gusta tu esposa. Por fin, por fin mi niño. — Mierda...
— No me gusta nadie, acabas de decir que es mi obligación. No te hagas ilusiones, esa mujer es una malcriada. Chao. Nos hablamos después. — De esto seguro se enteraría mi madre y ahora sí, nadie iba a sacar eso de sus cabezas y lo peor, es que es cierto, me gusta irremediablemente mi esposa. Desde que vi su rostro por primera vez en esa fotografía no he podido olvidar su rostro, cierro mis ojos y solo veo los de ella, esos de color celestes.
Termino de salir de casa luego de tomar las llaves del auto de la mesa auxiliar y conduzco hacia la empresa, tomó unas cuatro tasas de cafés mientras organizo, reviso, planeo, redacto y firmo documentos. Hoy no planeo tener reuniones, ni visitas, ni siquiera la de Andrés porque está ocupado resolviendo la entrega de unos camiones.
Mi teléfono vibra insistentemente en mi bolsillo, hasta había olvidado que lo traía, cuando lo verifico la bilis se me rompe. Son unas imágenes de mi esposa en la universidad, siendo tocada, por un imbécil que no aprecia su vida, abro un video y el mismo hombre discute con ella y su amiga a quien agrede por defenderla, cuando están por irse agarra a mi chica por el cabello, luego aparece Lucían en escena defendiendo a ambas. En lo que me imagino que es una amenaza. Mierda, mierda, mierda...
— ¿Dónde está ella? — Llamo a Lucían.
— Acaba de bajarse de la camioneta, está con su amiga. — Respiro aliviado.
— Ya sabes qué hacer. Dos horas Lucían, ni un minuto más.
— Cuenta con eso. — Cuelgo sin decir más, me levanto a servirme un trago y luego enciendo un cigarrillo, le doy una calada y suelto el humo tranquilo, la orden es investigar al tipo ese y mandar la información, nadie, va a tocar a mi esposa y vivir sus días para contarlo, saber quien me ofende es clave, voy asegurarme de disfrutar el castigo que le daré a ese infeliz...