Narra Elira -Como esta la preciosura de tío? - acarició mi pancita Adriano. Sonreí de ternura muerta de encanto por los Lombardo. Les cuento que en estos tres meses no sé quién está más feliz por mi embarazo, si mi esposo y yo, Adri o su abuela. -Dice que está bien - le contesté recibiendo una de sus preciosas sonrisas. -Permiso, Señor Adriano puede venir conmigo un momento? - nos interrumpió un señor. -Ya regreso- se despidió Adri dejándome con el mafioso de mi esposo en medio de un gran salón lleno de personas de distintas culturas, caras largas, otras tristes y unas que otras con sonrisas falsas. Ya Salvatore me había hecho la salvedad de con lo que podía encontrarme pero no estaba tan segura de que fuera cierto. Mujeres se paseaban casi desnudas por todo el lujo

