Narra Elira. Lo miraba acariciar las pequeñitas zapatillas entre sus manos, perdido en sus pensamientos mientras yo no me podía sacar de la cabeza su emoción. Mi mamá sé que tiene que estar muy feliz de mi, tan solo quiero ser como ella fue conmigo, una madre incondicional, y que aunque no está presente físicamente en mi vida, si espiritual. Todo estaba fuera de los parámetros, pero no para mal. Aquellos momentos en los que la pasamos tristes, la vida a mí y a Salvatore, se había encargado de recompensarnos y éramos nosotros muy felices justo ahora. Por Dios, verlo con sus ojos cerrados porque la ansiedad le había hecho actuar de esa forma ante los nervios solo me estremeció por completo. Mi hombre, aquel mafioso del cual muchos dudaron de su sensibilidad y su corazón, es e

