UN TE AMO PERECEDERO EDUARD DE AMBER REY DE VARSOVIA El auto atravesó los límites de la casa real, y ella en silencio apartó poco a poco su mano de la mía. Ese sencillo gesto no me gusto; pero no podía hacer nada para remediarlo por el momento. No se le impone a una mujer la idea de ser la máxima regente de un país de la noche a la mañana. Ana Lucía era demasiado desinteresada, desprendida y parecía que no había dinero o poder en el mundo que la pudiera corromper. Eso me gustaba tanto de ella… pero también me asustaba, porque ella no tenía ninguna pretensión en ser reina del país… y yo no tenía otra opción que ser el rey. Me daba miedo que sus intereses se alejaran demasiado de los míos, que la propia vida nos separar ahora que nos habíamos encontrado al fin. En algún momento tendr

