Capitulo 3
—Ya casi estaban en casa y Caleb quería maldecir en voz alta. Ahora que la adrenalina había bajado, Rhianna tuvo tiempo de digerir la noticia que habían recibido justo antes del ataque, y su reacción fue la que él esperaba y temía.
Caleb volvió a mirar de reojo a Rhianna, y su preocupación aumentó al observar su expresión vacía. Sabía lo que pasaba por su mente y quería hacer algo, decir algo que aliviara los pensamientos morbosos que sin duda albergaba. Abrió la boca y la volvió a cerrar, respirando hondo mientras buscaba palabras de consuelo.
—Annie, estarán bien.
Sus angustiados ojos lavanda se posaron en los suyos y luego apartó la mirada, con la mirada perdida por el parabrisas mientras él entraba en la entrada de su casa.
—No lo siento, Caleb. Debería sentirlo, pero solo hay una zona vacía donde Gard siempre ha estado.
Él sabía a qué se refería; no podía detectar rastro de su hermano en el vínculo del Triunvirato. Antes de que los tres se unieran, siempre llevaban las almas de la Reina y el Rey vampiros, y Gard era el tercero, el Guardián de la Reina. Caleb había probado ese vínculo y solo había encontrado a Rhianna en el otro extremo, pero eso no significaba que hubiera sucedido lo peor. No podía ser, porque no creía que Rhianna pudiera soportar la pérdida de su hermano de otro tiempo.
Podía recordar cada momento de cuando conoció a su hermosa compañera. Ella era humana entonces y lamentaba la pérdida de su hermano Rafe, a quien creía muerto. Desconocía entonces la existencia de un mundo donde existieran vampiros y hombres lobo. Creyó haber perdido a Rafe para siempre y su dolor fue absoluto.
Sin embargo, el destino intervino mostrándole un mundo donde su hermano vivía como un cambiaformas licántropo y su amante, un vampiro ancestral. Ella aceptó estas cosas con naturalidad, pues su amor por los dos hombres más importantes de su vida le facilitó la aceptación. Entonces, el destino intervino una vez más, despertando el espíritu de una reina vampiro muerta hacía mucho tiempo en Rhianna y reuniéndola con su amado hermano y guardián, Gard. El mismo hermano que ahora estaba desaparecido en algún lugar de Europa junto con su compañera Sarayne.
Caleb sabía que su Annie amaba a Gard con la misma pasión que a Rafe. Para ella, no había distinción entre ellos, sin importar que Gard hubiera vivido más de seis mil años y que su pariente de sangre fuera la reina vampiro que habitaba en su alma. Si perdía a Gard… si lo indecible hubiera sucedido y él ya no estuviera en el planeta… Caleb no sabía cómo reaccionaría ante esa pérdida. Solo sabía que necesitaba que él fuera fuerte por ella, y que él haría todo lo posible por estar ahí para ella.
Aparcó el coche cerca de la puerta principal, rodeándola para abrirle la puerta al ver que no se movía.
—Vamos, Annie.
Extendiendo la mano, esperó a que ella lo saludara, esperando cinco minutos antes de tomarle la mano.
—Entremos, cariño.
Pareció salir de su ensoñación, su mirada preocupada escrutó su rostro por un momento antes de permitirle ayudarla a salir del coche.
—Ella también es muy silenciosa. Es inquietante lo ausente que se siente, Caleb.
Sabía a quién se refería y se tomó un momento para reflexionar en su interior, en el alma que anidaba en su cabeza.
—¿Callain?
Hubo una breve pausa y entonces la voz profunda del Rey Vampiro susurró en su mente y le provocó un escalofrío.
«Déjala, Caleb. Deja que acepte lo que ha oído. Si reacciona por emoción… bueno, digamos que no queremos que lo haga. Consuela a Annie lo mejor que puedas. Si Anakatrine reacciona negativamente, prepárate para cederme el control para que pueda moderar su ira. Puede ser formidable cuando está sufriendo. No quiero que nadie salga herido porque esté arremetiendo contra el dolor. Date un respiro porque está pensando en este giro de los acontecimientos».
La otra presencia desapareció tan rápido como apareció, y Caleb suspiró mientras abrazaba a Rhianna, con la necesidad primordial de proteger a su compañera.
—Callain dice que es mejor dejar que Anakatrine acepte la situación y que no deberíamos presionarla hasta que esté lista para hablar con nosotros. Por ahora, estamos solos y son nuestras acciones las que debemos determinar.
Ella asintió contra su amplio pecho, apretando su pequeño cuerpo contra sus brazos como si intentara meterse en su piel.
—¿Crees… crees que son…?
Caleb maldijo cuando se le quebró la voz y un fuerte sollozo la sacudió. La conmoción y el dolor finalmente rompieron el frágil control que había mantenido sobre sus emociones. Su hermoso compañero le entregó su corazón sin reservas, y eso significaba que, cuando las cosas salían mal, se rompía con suma facilidad.
Tomando a Rhianna en brazos, entró en la casa y subió directamente a su habitación. Necesitaba sentirse segura, y no había lugar más seguro que su habitación. También necesitaba descansar, porque sin duda le exigirían mucho en los próximos días.
—No, no lo creo, y no lo haré hasta que vea pruebas de lo contrario —gruñó, bajando a su compañera a la cama y envolviéndola con su enorme cuerpo, protector.
**Capítulo (continuación)**
—Me alegra que hayas venido solo —dijo Caleb finalmente, bebiendo de su vaso—. Espero que a Mara no le haya molestado mucho que te llamara.
La expresión de Demetri se suavizó, como siempre que se mencionaba a su esposa. Atrás quedó el depredador mortal y en su lugar apareció un esposo profundamente enamorado de su compañera. Solo se relajaba así cuando estaba rodeado de personas en quienes realmente confiaba, y era aún más devastador verlo brillar con tanto amor por Mara en sus ojos.
—Me pidió que te dijera que si esto afecta al Consejo, más te vale avisarle, porque hubo suficientes quejas de los demás miembros como para que los mantuvieras al margen la última vez.
Caleb no se sorprendió y asintió. El consejo de vampiros acababa de descubrir que existía un veneno que podía matar a los vampiros al destruir sus habilidades regenerativas. Aún tenían que informarles sobre la búsqueda de un antídoto y discutir una forma de que todos los vampiros pudieran recibir una vacuna para silenciar la amenaza de Europa. Habían sucedido demasiadas cosas en tan poco tiempo. Era difícil mantenerse al día con los acontecimientos.
Sin embargo, Caleb pensaba en Gard y Rayne. Una furia a fuego lento crecía en su interior porque alguien se había atrevido a ponerle las manos encima a los emisarios que había enviado a Europa para averiguar qué demonios estaba pasando allí. Aún no había llamado a Joshua para que le pusiera al corriente. Quería tener algo concreto que contarle a Rhianna cuando despertara, para que su compañero supiera que se estaban preparando para encontrarlos y traerlos a casa.
—Cuéntame sobre el ataque —dijo Demetri al ver que su amigo guardaba silencio—. ¿Alguien resultó herido? ¿Pietro está bien?
—Reasa resultó gravemente herida, pero se recupera. Pietro estuvo involucrado, pero al parecer Reasa se arrojó frente a una bala envenenada para salvarle la vida. No creo que se le haya pasado por la cabeza que, como él ya estaba emparejado con Cassia y había estado tomando su sangre, probablemente ya era inmune al veneno. Simplemente reaccionó y, en esa reacción, casi muere. Anakatrine le devolvió la inmortalidad.
La expresión de Demetri se tornó sorprendida al escuchar la noticia, con un rastro de inquietud en la mirada.
—Caleb, no te lo tomes a mal, pero me da un ataque de pánico la forma en que Anakatrine toma y devuelve la inmortalidad vampírica como si fuera algo común. Tenemos que asegurarnos de que esto nunca llegue a conocimiento del Consejo, excluyendo a nuestros amigos, por supuesto. Si los demás se enteraran… bueno, no quiero ni pensar cómo reaccionarían ante Annie si supieran de lo que es capaz.
El gruñido bajo de su amigo era de esperar.
—¡Si se acercan a ella, los haré pedazos!
Su expresión feroz dibujó una media sonrisa en el rostro de Demetri.
—Estaré contigo, amigo mío, al igual que Alexei, Andrei, Mara y Stephan, por nombrar solo algunos. Nadie jamás pondrá un dedo sobre nuestra Annie. Esto no es como el pasado, cuando Anakatrine y Callain se enfrentaron solos al primer Consejo. Los acontecimientos no se desarrollarán como entonces. Te doy mi palabra.