Capitulo 7

1518 Palabras
Capítulo 7 Dara Romanov corría como si todas las sombras del infierno la persiguieran. Tardó menos de dos minutos en llegar desde la casa destrozada, apartada del recinto principal de la manada, hasta la gran vivienda del Alfa, en pleno corazón de su comunidad. Ya no tenía ganas de vomitar, pero aún sentía náuseas en el estómago. En sus manos aferraba el diario encuadernado en cuero que había descubierto en la impecable habitación de Gard y Rayne. Las últimas palabras que había leído aún estaban grabadas en su mente aterrorizada. Querido Kothari... Estoy aquí A Solo pensarlo le daban ganas de llorar y se le cerraba la garganta de miedo. Si lo que sospechaba era cierto… solo Dios sabía qué significaría para Kothari o el resto de la manada. Era algo que no podía ocultarles a sus Alfas; tenían que saberlo de inmediato. No le sorprendió en absoluto oler a Rafe en su estudio al entrar en su casa. Dado todo lo ocurrido esa madrugada, dudaba que se hubiera acostado ya. Apenas esperaba su llamada cuando llamó a la puerta. Dara abrió y se encontró con su Alfa mirando fijamente la chimenea vacía justo delante de ella. Sus preocupados ojos marrones la miraron al entrar, con la sorpresa reflejada en su interior. —Dara. ¿Qué haces despierta tan temprano? —Fui a ver cómo estaba Kothi. No acudió en ayuda de la manada cuando los vampiros atacaron, y me pareció extraño dado lo protector que es con la manada. Rafe… Rafe, encontré la casa completamente destruida, salvo la habitación de Gard y Rayne. Esto estaba sobre la cama… Las palabras salieron de su boca con un miedo intenso mientras le ofrecía el diario a su Alfa. Rafe frunció el ceño al tomar el libro. «He probado mi conexión con él. Su aura es pacífica». Llevó el diario a su escritorio y se sentó en su asiento habitual mientras hojeaba rápidamente las páginas. Dara no pudo formar más palabras, su miedo de repente la dejó tan letárgica que prácticamente se dejó caer en una silla frente a Rafe, aliviada de haber pasado el peso de su descubrimiento a alguien que sabría qué hacer al respecto. Cuando el Alfa llegó al final del diario y sus ojos se encontraron con los de ella una vez más, quiso estallar en lágrimas al ver su expresión. En todos sus años, nunca había visto a Rafe bajar la guardia para demostrar exactamente lo que pensaba. Ahora, el color se le había borrado del rostro y había tal dolor grabado en sus facciones que las lágrimas que intentaba contener brotaron sin querer. —Kothari se ha vuelto rebelde. Al pronunciar las palabras que confirmaron sus sospechas, Dara rompió a llorar a gritos. Había intentado negarlo aun sabiendo la verdad. Lo supo desde el momento en que leyó la última entrada. La desaparición de Gard y Rayne finalmente había provocado lo que todos temían: había llevado a Kothari al límite. —¿Rafe? ¿Qué pasa? Era vagamente consciente de la voz preocupada de Lacey, la compañera del Alfa, que llenaba la habitación, pero no levantó la vista, no podía reconocer a la otra persona en la habitación. Kothi estaba solo en algún lugar, solo que no era el Kothi que todos conocían y amaban a pesar de sus peculiaridades. Era algo más, algo diferente y potencialmente letal. Era lo único que le rondaba por la cabeza, lo único en lo que podía pensar durante mucho tiempo. Para cuando logró salir de sus pensamientos, había más gente en el estudio: su madre y su padre, Alexei y Cedar, y su tío y su tía, Andrei y Loretta. Kallum también estaba allí, con el pelo alborotado como si acabara de levantarse de la cama. —Me quedé aquí en lugar de regresar al Complejo Pretoriano —explicó Kallum mientras se frotaba las mejillas y lo miraba con expresión interrogativa. Tenía sentido que se mantuviera cerca de la manada después del ataque, pues era el líder sin corona de los Vârcolac. Su estrecho vínculo mental lo habría alertado de la angustia de Dara, y acudió sin dudarlo un segundo. Después de su familia, Kal era una de las personas más importantes en su vida y se tomaba sus responsabilidades muy en serio. Solo al reconocerlo, notó el apoyo mental adicional que se dirigía hacia ella y se dio cuenta de que Cassia y Pietro también estaban en la habitación. El compañero de su hermana estaba de pie, apoyado contra la puerta como si impidiera la entrada. Cassia estaba junto a sus padres, con la preocupación grabada en el rostro. —Estoy bien —tranquilizó Dara a su familia, respirando hondo para recuperar la compostura. Era evidente que todos sabían lo que había sucedido, y se preguntó cuánto tiempo llevaba llorando sin darse cuenta de lo que pasaba. Su madre le pasó una mano por el pelo y se inclinó para abrazarla. Dara no estaba segura de si estaba tranquilizando a su hija o a sí misma, pero esbozó una leve sonrisa y se inclinó ante su tacto. Su padre rondaba cerca; su expresión preocupada era otro claro indicador de la gravedad de la situación. Dara quería arrepentirse por haber perdido el control por completo, por asustar a su familia y a sus Alfas. Ella era mejor que esto, más fuerte que esto. No deberían preocuparse por ella. Era en Kothari en quien debían pensar ahora mismo, y en cómo podían ayudarlo mejor. —¿De verdad se ha vuelto rebelde? —preguntó Dara, con voz mucho más fuerte mientras enderezaba la espalda y buscaba en su interior la fuente oculta de fuerza que sabía que estaba allí. —¿Qué otra explicación puede haber? —respondió Rafe, señalando el diario—. Por lo que he leído, Kothari ha mantenido un equilibrio muy delicado durante tantos años. Es un milagro que le haya llevado tanto tiempo recuperarse. Está claro que Gard y Rayne lo han estado protegiendo durante mucho tiempo, aunque no sé a quién se refiere ese ángel. Dara lo sabía… aunque intentó negarlo. Leyendo entre líneas, era evidente que Kothi creía que este ángel era su compañero… y estaba más que segura de que estaba completamente equivocado. —Soy yo —dijo finalmente, atrayendo todas las miradas—. Se refiere a un incidente en el que Agonía lastimó a su ángel. Estoy casi segura de que se refiere a algo que sucedió hace un tiempo, cuando estábamos juntos en el río. —¡¿Te hizo daño?! La gélida voz de su padre la hizo estremecer, pero mantuvo una expresión lo más neutra posible. —En realidad no, papá. Se enojó porque lo empujaba y me agarró, pero no me lastimó. Me transformé en lobo y eso pareció despertar su pantera, porque él también se transformó. Lo curioso fue que pareció muy sorprendido de ver a su animal, algo que después de leer el diario ahora puedo entender, pero en ese momento no. Respiró hondo de nuevo, con la mirada fija en su padre, cuya expresión era atronadora a pesar de sus palabras. «No quiso hacerme daño, y de verdad que no, te lo juro. Fue justo después de ese incidente que salvó a Lily cuando se cayó del acantilado. Kothi nos quiere, papá, a todos. Nunca nos haría daño a ninguno deliberadamente, y creo que incluso podría creer que soy su compañera…» Allí, ella dijo las palabras en voz alta ahora, y por un breve momento hubo un silencio atónito dentro de la habitación y luego todos comenzaron a hablar a la vez. —¿Dara? ¿Es él? —preguntó Cassia con los ojos muy abiertos. —Dios mío, Karma seguramente no puede odiarme tanto —se quejó su padre, lo que le valió un golpe en el costado por parte de su pareja. ¡Alexei Romanov! Kothari es parte de nuestra manada. Ya es familia. ¡No te atrevas a hablar mal del compañero de nuestra hija! La desaprobación de Cedar brilló en sus ojos mientras se mordisqueaba el labio inferior con preocupación. —El chico es peligroso —comentó Pietro desde la puerta—. He hablado con él y he visto su lucha. Alexei tiene razón en estar preocupado, sobre todo después de lo sucedido. —¿Es posible que Kothi se vuelva rebelde cuando ha encontrado a su pareja? —preguntó Lacey, con la confusión y la preocupación compitiendo por el dominio en su rostro. —No lo es —murmuró Dara, frunciendo el ceño mientras todos la ignoraban y comenzaban a debatir si había o no alguna esperanza de que Kothari no se hubiera vuelto rebelde debido a este nuevo acontecimiento. —No lo es —dijo ella un poco más fuerte, poniendo los ojos en blanco porque nadie le prestó la menor atención. —¡Kothari NO es mi compañero! —gritó, sobresaltando al resto de la sala y haciendo un silencio total mientras todos se giraban para mirarla una vez más. —Pero dijiste… —tartamudeó su madre, luciendo aún más confundida que antes.
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