Capítulo 36

1116 Palabras

Si ella sigue comportándose de esta forma debe entender que tarde o temprano las consecuencias serían nefastas. —Las heridas que se causó la señorita no son graves, pero aun así les aconsejo que la lleven a un psicólogo—habla mi compañero con mis suegros y Abel. Intento no hablar ni interferir, solo observo como le explican la situación mientras sostengo la mano de mi esposo. —¿Podemos entrar a verla? —Pregunta Abel. —Por supuesto. Entonces todos entran excepto yo, ¿y por qué no lo hice?; porque no soy una persona falsa, no me gusta mostrar dos facetas la cual una ella es falsa, solo tengo un rostro y este es claro cuando se trata de demostrar lo que realmente siento. —¿Chloé? —la voz de Mario se hace presente en la sala de espera. Sonreí al verlo y después me puse de pie para salud

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