Chloé
Todo el mundo desarrolla la habilidad de responder bien cuando las emociones exaltan, pero con este hombre mis emociones se confunden y se debilitan, que me llevan a tomar aire primero y responder.
—Maldita sea, me desagrada igual o peor que el antiguo dueño— hablé sola.
—Chloé— escucho la voz del director llamarme a lo lejos.
—Dígame —detengo mis pasos.
—No debió de hablarle de esa manera al Sr. Molina.
—No me joda, Sr. director, porque usted no sabe la angustia que pasamos los sanitarios al pensar que en cualquier momento perderemos algún paciente porque el respirador dejó de cumplir su función — agregué—. Ahora si me disculpa tengo trabajo por delante, pero que le quede claro que no estoy dispuesta a dejarlo pasar y quedarme callada.
Que no se crea que me voy a dejar intimidar, sé defenderme de cualquier individuo y da igual lo importante o bueno que esté, comprará estos respiradores como sea y al precio que sea.
Mi celular empieza a sonar, y de inmediato pienso que es mi desconocido.
—Ya te extrañaba, Pedro— dije nada más contestar, pero escucho cómo este respira con dificultad.
—¿Estás bien? — pregunté.
—No me siento bien, acabo de hablar en público y para mi desgracia tengo glosofobia (miedo hablar en público).
—Pero ¿cómo es posible?, si sueles dar reuniones frente a muchos— dije por qué no entendía nada.
—Cuando tengo reuniones de más de tres personas las suelo dividir en dos grupos, pero ahora había más de treinta personas y lo peor de todo es que hablé sin sentido.
—Está bien, intenta desabrochar los botones de la camisa, si es que llevas puesta una camisa y respira despacio, inhala y exhala, lentamente, piensa que ahora estás solo y que nadie está frente a ti, toma un poco de agua— digo intentando hacer algo para calmarlo.
Solo escucho su respiración por la otra línea.
—Mi desconocido favorito, imagina que estoy contigo y te aprieto la mano con fuerzas, donde nuestras miradas se conectan y nuestras almas hablan, sientes como beso tu mejilla.
Sigue sin decir nada.
—Por favor, Abel, háblame— le pido preocupada.
—Gracias, pequeña, me siento mejor — su voz suena con más normalidad.
—¡Menos mal! — suspiré.
—Acabo de vivir un momento no muy agradable.
—Te entiendo, ahora que estás más calmado, me dejas decirte que acabo de conocer al ser más retorcido y sin sentimientos que existe sobre la Tierra—necesitaba escupirlo.
Él se ríe.
—No me gustaría estar en los zapatos de este tipo— sigue riéndose con la respiración agitada.
—Lo siento, bastante tienes con lo tuyo— me disculpo.
—Ey, nena para nada, si alguien te hace algo dímelo que le rompo la cara sin dudarlo.
—Quisiera quedarme hablando contigo todo el día, pero tengo que irme—soné apenada.
—No te preocupes, pequeña, hagamos algo esta noche.
—¿Cómo qué? — pregunté.
—Una cena telefónica.
—Me encantaría, entonces, hasta la noche.
Abel
El temor de hablar en público me limita en muchas cosas y una de ellas es estar haciendo grupos de no más de tres personas a la hora de trabajar, pero hoy ha sido una locura, estuve diciendo tonterías frente al personal sanitario y lo peor es el enfrentamiento con esa mujer la cual causa en mí, múltiples sensaciones raras cuando ni siquiera es el tipo de mujer con quien sentiría atracción.
Salgo de la oficina del director y me encamino a la salida después de haber hablado con mi hermosa desconocida.
—Estamos en contacto— le dije al director y me despido.
Mientras caminaba con rumbo a la salida me vuelvo a encontrar a esa mujer, ella me dedicó una mirada asesina, y después me acerqué a ella.
—¿Se siente bien? — pregunta—. Se ve pálido.
—Me siento bien— contesté fríamente y esta pone los ojos en blanco.
—Me alegro, ahora si me lo permite, tengo pacientes que atender.
Me hago a un lado y la dejo pasar, no sin antes una corriente de aire fresco nos azota en el rostro causando que el perfume de esta mujer colara por mis fosas nasales.
Trago duro e intento calmarme, porque esta sensación que siento es como si estuviera hablando con esa hermosa voz de mi chica desconocida, pero luego pienso y digo, no, es imposible. El carácter de ambas es muy diferente.
—Que tenga un buen día, Sr. Molina— dice lo mismo que le dije antes en la conferencia al terminar de hablar.
—Gracias, y espero ese informe a la mayor brevedad posible— añadí y me fui sin mirar atrás. Me alivié al salir de aquel lugar, ya que me sentía como un pájaro en su jaula.
— No sabes la alegría que me da saber que nos visitarás, Mario— hablo con mi hermano por teléfono.
— Y yo de veros, por cierto, no le digas nada a mamá, quiero que sea una sorpresa.
— No te preocupes.
Al llegar a mi casa, me doy un baño largo y después me pongo el pijama, le ordené a la chica del servicio que me prepare para cenar solomillo con verduras.
Mientras estoy revisando unos documentos le escribo a mi pequeña.
— En veinte minutos cenamos, ¿te parece?
Dos minutos más tarde me contesta:
— Cuando tú me digas, de todas maneras, hoy cenaré en un restaurante de verdad.
—¿Y eso por qué?
— Le dejé la casa a un amigo que también es su casa, bueno compartimos piso.
— ¿Debería estar celoso?
— No deberías estarlo, José es solo mi amigo.
— Me dices el nombre de tu amigo y no el tuyo... ¡Eres mala!
— Todo a su tiempo.
Minutos más tarde nos encontrábamos hablando por teléfono mientras cenaba una deliciosa cena en la compañía de su voz.
— ¿Te gusta lo que cenas? — pregunté.
— No mucho, la carne está muy cocinada.
— Pide que te cambien el plato— sugiero.
— No es necesario, esperaré al postre— suelta una leve sonrisa.
—Vale, pequeña, mi solomillo está de muerte.
Se ríe.
— Siento como lo disfrutas, nene— dijo y me hiela la sangre.
— Me encanta la forma en la que me has llamado, no más Pedro — le pido.
— ¿En serio? ¿Y no prefieres que te llame por tu verdadero nombre?
— Entre mi nombre y "nene", prefiero mil veces "nene"
— Pues que así sea, nene.