Lo más idóneo para una ocasión como esta, es ponerme un vestido n***o de esos que las mujeres hemos llamado "vestido de muerte lenta".
Es lo que me hace mejor figura, y si todo sale bien, y Jerry puede hacer memoria de lo que pasó ese día, quizás incluso terminemos haciendo el amor en honor al compromiso.
—¿Vas a ir en vestido, Lucia?—, de verdad que ni porque tengas una criatura en el vientre dejas de verte tan espectacular. —, estoy segura de que Jerry va a flipar cuando vea tus caderas y el pedazo de cintura que se te nota con esa prenda. —Irrumpe Beatriz y me da una palmada amistosa en el hombro.
—Estoy temblando de miedo, Bea. —, quisiera tener tu optimismo, sin embargo, Jerry ha estado igual de cariñoso que siempre conmigo, pero no ha hecho mención de lo que pasó esa noche, y me da miedo... —, sé que no necesito su apoyo, podría salir adelante yo sola, porque dificulto que mis padres quieran apoyarme... Pero me gustaría que estuviéramos juntos en esto, yo siempre he confiado en él. —Le contesto con la voz desgarrada, no suelo estar tan sentimentales, pero últimamente no me siento yo en ningún aspecto.
Me incomoda tener que estar dándole tantas vueltas a lo mismo. Un drama incesante porque no tengo el valor para plantarme y decirle a todos que estoy embarazada. Para todos suena como algo cotidiano, y quizás me consideren estúpida por estar tan nerviosa.
Pero en mi caso, se trata de vergüenza. Siempre he demostrado a las personas que soy una mujer valiente, con un montón de metas trazadas y la intención de cumplirlas, me he sentido menospreciada por mi inferioridad económica en comparación a las personas que siempre me han rodeado por ser becada en la secundaria y la misma situación iba a repetirse en la universidad si yo no me comportaba como una tipa centrada y con los pantalones bien puestos...
Y es lógico, embarazarme no va con el perfil que le di a todos de mí. Ese es mi problema.
—Luci... —, pase lo que pase en el camino con el sexy Moreau, te reafirmo que yo siempre estaré a tu lado apoyándote, y además la mesa está llena de opciones. —, ¿te imaginas que le dijeras a Braulio que el pequeño es suyo?—, fuera el acontecimiento del año, y un empujón para que deje a la esposa. —, eso es lo peor de ser del grupo de mujeres del medio, no eres una santurrona, pero tampoco una de las que ha cogido con tantos en las fiestas de la facultad que a alguno le pudiera lanzar la responsabilidad de un hijo. —Reflexiona Beatriz y
me mira con sorna.
Suelto una risotada al escuchar su ocurrencia. Jamás le diría a un hombre que un hijo es suyo si no estoy segura de que sea así, eso es ser excesivamente ruin... Y no es mi tipo, puedo ser despiadada en caso de verme humillada y pisoteada, pero no mentiría por joderle la vida a nadie.
—¿Irás en autobús a ver a Jerry?—, puedo llevarte, no hay ningún problema. —Me dice Beatriz y baila unas llaves en frente de mí.
—¿De dónde has sacado esas llaves, loca?—, ni tú ni yo tenemos auto. —, ¿te has robado un carro?—Le interrogo sorprendida.
—Realmente no, pero te gustaría saber cómo lo he obtenido. —Canturrea con diversión.
—Jodidas veces, Beatriz. —, ya tengo suficientes problemas, no me digas que has inventado uno más... —, estoy embarazada, no vayas a matar a mi bebé por infarto. —Le reprendo con seriedad y me quedo expectante de lo que sea que vaya a decirme.
Solo ha estado fuera la tarde de hoy... La cual yo aproveché para dormir, era necesario recuperar todas las noches de sueño perdidas en donde vomité sin piedad.
¿Puede uno tener un auto en una sola tarde?
Podría creer cualquier cosa de Beatriz, pero esto me parece que ya es demasiado.
—Hoy tuve un día muy productivo después de que te fueras como una frenética de la universidad. —, ¿recuerdas a Mohamed?—, el chico saudita de mi clase... —Me pregunta con tono sospechoso, sin duda Beatriz es muy ocurrente, pero no sé a dónde quiere llegar con esta conversación.
—Sí, el chico alto, de ojos negros que he dicho en algunas oportunidades que me causa un poco de susto. —Le respondo con desinterés.
—Él está enamorado de mí, y está loco de remate. —, me ha invitado a comer pizza porque ha supuesto todo este tiempo que soy auténtica italiana... —, la hemos pasado bien aunque él tenga unos criterios rarísimos y poco convencionales para nosotras. —, yo solo le dije que estaba enamorada de su auto, y él me dijo que me lo regalaba. —, ¿no juzgas que es una pasada que existan hombres tan interesantes?—, estoy que no entro de emoción en mi cuerpo. —Me cuenta con entusiasmo y una sonrisa gigantesca se dibuja en su rostro.
—¡Beatriz no puedes aceptar un auto de un chico extraño!—Exclamo anonadada.
—No seas intensa, Lucia. —, él me ha dicho que lo use y mañana iremos a comer comida árabe, así que no es un desconocido. —, cálmate y disfruta de los privilegios de ser mi mejor amiga, ¿te llevo o no a la casa del papi?—Me pregunta con guasa.
Resoplo ante su mostrado descaro, definitivamente ella si sabe sorprenderme y sacarme risas cuando me estoy muriendo de nervios.
—Por supuesto que vas a llevarme. —, no hay otra cosa que puedas hacer por mí. —Le digo con espontaneidad y le hago una seña para indicarle que deberíamos ir saliendo.
Ya casi es la hora en que he quedado en llegar al apartamento de Jerry, y él aprecia mucho la puntualidad. Pararé en el camino para comprar una tarta de queso, es su favorita.
Beatriz y yo subimos al auto de su estimado amigo Mohamed el cual ella asegura que se lo obsequió de buena fe...
Y no puedo negarlo, es un automóvil hermoso y cómodo, es normal que Beatriz se haya deslumbrado al verlo.
—¿Vas a gastar de tu dinero para comprarle postre a Jerry?—, yo te he dicho que me brindes un perrito caliente el jueves y me has dicho que no tienes un euro. —, por eso no hay que creer en nadie, todos mienten. —Espeta Beatriz con tono lastimero y clava una mirada de decepción en mí.
—No seas tan dramática, mujer. —, he estado ahorrando un poco, y esto se puede considerar una pequeña emergencia. —, considérame una vez en tu vida, ahora puedes pedirle al árabe millonario que te compre el carrito de hot dogs enteros si se te apetece... —, estás tirando alto, nena. —Agrego con espontaneidad y bajo del auto para entrar a la panadería en la búsqueda de la aclamada torta.
En cuestión de minutos me atiende una chica de aproximadamente veinticinco años con una sonrisa amable y franca, es encantadora. A pesar de que no debe de tener un hombre que le provea. O posiblemente tenga muchos hijos y ambos tengan que laborar largo... O también, existe la posibilidad de que sea solo yo haciendo conjeturas porque estoy demasiado ansiosa.
Beatriz conduce hasta el conjunto residencial donde vive mi Jerry y mis piernas se sienten como gelatinas, además de sentir un terrible peso en la nuca, uno que únicamente aparece cuando estoy tensa y preocupada.
—¿Quieres que suba contigo?—, ¿quieres que me quede aquí abajo?—, también podría dar vueltas en búsqueda de Donuts mientras espero que me digas que está bien y que vas a quedarte. —Me sugiere Beatriz con seriedad, al llegar aquí estoy convencida de que ambas hemos sentido la misma energía.
—No hace falta, Bea. —, puedes irte a casa, te llamaré. —Le respondo con tranquilidad y ella asiente con la cabeza.
—Te quiero, cariño. —Me dice con detenimiento.
—Y yo a ti.
Subo con la torta de queso e intento tener una buena cara. Al subir al ascensor rebusco en mi cartera para encontrar las llaves que tengo del apartamento de Jerry. Ya soy una rehén de mis pensamientos.
Al encontrarme ante la puerta de Jerry, le pido al cielo que todo salga bien.
Toco dos veces con cuidado y procedo a utilizar la llave, ya que él no se ha aproximado a abrirme, posiblemente esté ocupado, o aún no haya llegado de su compromiso, el aeropuerto donde suele pasársela no queda muy lejos de aquí.
Entro y todas las luces están encendidas, y por supuesto se me hace extraño, Jerry es un conservador innato, es muy extraño que haya salido y deje el apartamento como está ahora.
Sin embargo, el compromiso de Jerry hace gala de presencia cuando me aproximo a la sala.
Jerry está sentado, en el mueble donde solemos ver películas y lanzarnos palomitas de maíz en el rostro, y con la cabeza entre sus perfectas piernas, chupando su erección, se encuentra Elizabeth Jimena. La mojigata de su clase, la que todos suelen elogiar por sus notas, por tocar el órgano, y ser muy elegante.
Esto no me puede estar pasando a mí...
Nunca lo había visto con otra mujer. Y es una mierda, mi corazón se siente quebrado, en definitiva Jerry no me es indiferente, y duele ser consciente de ello en tan penosas e indignantes circunstancias.
—¡Luci, que pena, has llegado!—Exclama Jerry y Elizabeth saca la polla que trae en la boca y guarda sus tetas las cuales tenía en el aire.
Ambos se recomponen y yo estoy parada en el marco de su jodida sala.
Sin saber qué hacer, ¿le grito a él y a su puta que estoy esperando un hijo suyo?
O... ¿Soy fiel a mi personalidad y principios y me retiro con dignidad, en la búsqueda de una nueva vida?
Quiero que él sea consciente de lo que estoy sufriendo...
Y a la vez, no quiero terminar siendo una pesadilla para él, yo lo amo.
No puedo sostenerme en pie por más tiempo, mi cuerpo cae rendido. Y no siento nada más.