Volvemos del parque a mi casa, llevando a los perros, que afortunadamente no volvieron a saltarle encima. Por suerte, o desgracia, mi casa no quedaba muy lejos. Aunque aún así no podemos evitar que varias personas volteen a vernos con extrañeza, confusión y algo de molestia, entre otras cosas. - Realmente no tienes porque pasar por esto para limpiar el traje - dice, evidentemente refiriéndose a las miradas de más. - No te preocupes, si me molestan demasiado solo finjo que mis dos perros son altamente agresivos - digo -. Aunque sean todo un encanto. - ¿Ah si? ¿Y funciona? - No, pero así se pondrían a hablar mal de mis perros y ya no de ti - guiño un ojo mientras caminamos. El resto del camino fue en silencio. No incómodo, pero si ninguno tenía nada más que decir. Abro las rejas de mi

