Nate llegó inmediatamente, me ayudó con muchas cosas y me dio concejos. Cuando estaba segura de que estaba bien caminamos a la sala y le ofrecí café. —¿Como está Emma? —le pregunté. —Bien, quiso venir, pero es mejor que por unos días no esté aquí. Tú y Sara deben acostumbrarse a estar juntas —le sonreí, pero también extrañaba a Emma. —A Sam siempre le gustó el nombre Sara. Cuando sus padres murieron ella se quedó un tiempo en mi casa y mi madre siempre la quiso, apuesto que más que a mí y creo que por eso le puso Sara, es el nombre de mi madre— le conté a él pensando en eso de repente. —Oh, no creo que eso sea así, uno hace lo que sea por sus hijos, créeme. —¿Hasta mentirles? —pregunté pensado en mi madre y todo lo que me hizo creer sobre mi padre. —Todo por su felicidad. —No lo sé

