Mi corazón dejo de latir, ya no funcionaba, era como seguir viendo la vida que pasa frente a mis ojos, pero no la procesaba y solo estaba viviendo automáticamente, dando lo que los demás necesitaban de mí. Palabras tan cortas y con un sentimiento que te parte el corazón para nunca volverlo a reparar. Nate se sentía igual a mí, podía verlo, pero ¿cómo podría tratar de consolarlo cuando tal vez estoy igual o peor que el? —Por favor, vuelva a leer. Dígame que es un error— le suplique en una laguna de llanto. —Lo siento tanto. Les daré unos minutos— suspiró tocando mi mano como consuelo antes de levantarse y abandonar el consultorio. Estábamos ambos sentados como estatuas y la primera en salir fui yo, no quería que Emma me viera así y se asustara, pero no perdería tiempo. —Hola princesa—

