El collar de perlas

1451 Palabras
Desperté porque el sol entro por la ventana, me fije el reloj en la pared y eran las 7:15 am, ya era tarde. —Emma—dije moviéndola para que despertara. —Emma—la volví a sacudir y ella comenzó a abrir lentamente sus pequeños ojos azules. —¿Que sucede? —pregunto cansada. —Llegaremos tarde, debemos irnos ahora—busque su uniforme en la mochila que Nate me había dado. Al sacarlo lo deje en la punta de la cama para que ella se cambiara. —Emma por favor, vístete y lava tus dientes, te veo en la cocina. Corrí hasta la cocina y comencé a hacer el desayuno. En su lonchera puse un sándwich acompañado con frutas, lo guardé en su mochila y preparé otros dos sándwiches para el camino. Hice mi café y lo dejé todo preparado antes de correr a mi habitación y cambiarme con lo primero que encontré, en el baño cepillé mis dientes y no me dio tiempo a peinarme. Al salir Emma ya estaba esperándome con su mochila puesta. —Buen día cielo—le dije mientras tomaba la scrunchie que tenía en mi muñeca y le hacia una trenza apurada, pero bonita. —Gracias Elena—dijo ella viéndose en el reflejo de una ventana mientras yo tomaba todas nuestras cosas e iba a cargarlas a la camioneta. Luego solo quedaba subir a Emma y colocarle el cinturón, antes de salir en marcha a su escuela, que por suerte estaba cerca de aquí y en camino a mi universidad. —Si te portas bien, esta tarde iremos al parque—le susurré sonriendo y ella me mostró una sonrisa aún más grande. Estacioné frente a las grandes puertas de su escuela y la ayudé a bajar, le entregué su mochila y lonchera. —Espero que te gusten los sándwiches, es mi especialidad—mencione acompañándola a la entrada. —Los amo, mi favorito es el de tomate y queso­—me sonrió y yo a ella. —Igual el mío, así que te gustará el almuerzo de hoy—me arrodillé a su altura para verla mejor y acomodarle el cabello. —Sé que puedes hacer amigos, inténtalo, te van a querer porque eres muy especial—besé su frente y ella rodeo mi cuello con sus pequeños brazos. —Te quiero Elena—dijo y corrió dentro de su salón dejándome sorprendida con sus palabras. —¿Señorita Elena? —preguntó alguien detrás de mí, al darme media vuelta pude ver a una maestra esperando una respuesta de mi parte. —Si soy yo—respondí poniéndome a su altura. —No quería molestarla, es que Emma me contó sobre usted y me gustaría saber si quiere pasar unos minutos—pregunto sonriéndome mientras señalaba su oficina. —Claro, no hay problema alguno—dije y caminé junto a ella hasta allí. —Siéntese. Yo solo quería hacerle algunas preguntas si no le molesta, claro—dijo leyendo un papel. —Lo siento, creí que el señor Hills ya les había dado toda mi información importante—respondí confusa. —Sí, él ya nos dio su información por cualquier situación. Solo que la escuela, quería saber algo sobre su vida privada ¿Es usted novia del señor Hills? pregunto con una birome y papel mano. —Disculpe, pero esa pegunta me parece fuera de lugar y no creo que eso le incumba a la institución o esté relacionado con la educación o bienestar de Emma. Por lo cual supongo que tienen la información necesaria sobre mí, así que, si me disculpa debo irme—sin saludarla salí de allí y subí a mi auto. Conduje a la universidad, un poco extrañada aun por lo que había pasado antes. Por suerte solo tenía una clase hoy y era muy breve. Volví a estacionar en el campus y corrí hasta mi salón, se me estaba haciendo tarde. Al llegar vi que en la puerta había un cartel pegado donde decía ‘’Clase cancelada’’. Agobiada por haber venido hasta aquí sin saber que no tenía clase, volví hasta mi auto refunfuñado. Respiré hondo y pensé que era una oportunidad para visitar a Sam ya que no tenía nada más que hacer. Antes de ir, pasé por una pastelería y le compré nuestras donas favoritas de niñas con extra chocolate. Al llegar baje con la pequeña caja llenad de felicidad y toque el timbre de su casa esperando que si esté. —Hola— saltó a abrazarme feliz en cuanto me vio. —Hola Sam—dije correspondiendo su abrazo aún más feliz de sentir su vientre chocándome. —Pasa, que bueno es verte—dijo dándome paso y entre. —Traje algo que te gustará más de ver—abrí la caja frente a sus ojos y pude ver como caía saliva de su boca. —Por esto eres mejor que mi esposo, pero no se lo digas—me susurró y ambas reímos. Caminamos hasta la cocina y ella comenzó a hacer té mientras me contaba sobre mi pequeño sobrino o sobrina. —¿Y? ¿Cómo va tu vida de madrastra? —pregunto guiñándome un ojo. —Sam, solo estoy cuidando a Emma. Además, sabes que Nate y yo no somos nada—dije haciéndole caras. —Bien, si quieres que te crea, simulare que lo hago—dijo y ambas llevamos la comida y té hasta la sala. —Es cierto, si algo pasara con Nate o alguien más, serias la primera en saber—pronuncié antes de darle un mordisco a la dona. —Está bien, dejaré de molestarte—rio. —Cuéntame sobre Emma—le dio un sorbo al té. —Es muy dulce, hoy dijo que me quería. Me recuerda mucho a mi antes de conocerte—pensé en aquellos años llenos de burlas por todos los niños sobre mí. —Quisiera conocerla—me suplicó. —No lo sé, no creo que quiera estar entre adultos—dije dudosa. —Por favor—volvió a suplicar. —Está bien, le preguntaré—dije rodando los ojos, siempre me gana. —Vengan a comer esta noche— dijo Sam emocionada. —Solo si haces lasaña, lo pensaré—dije riendo por su emoción. —Tenemos un trato amiga—cerró cuentas terminando su dona. Seguíamos hablando hasta que veo la hora en mi celular. —Ya debo irme, voy a buscar a Emma en la escuela—dije levantándome y caminado a la puerta junto a Sam. —Nos vemos esta noche—me saludo con un beso en cada mejilla. —Adiós. Subí a mi auto y conduje nuevamente a la escuela. Cuando llegue baje y esperé a que Emma me vea entre todos los niños. —Hola— saludé a las muchas mamás que esperaban a sus hijos mientras me veían a mí y murmuraban entre ellas. ¿Qué les pasaba a todos aquí? —Aquí estoy—dijo Emma bajo mis narices riendo porque no me había dado cuenta de su presencia. —Oh cielo, lo siento, no te vi—besé su frente y la ayudé con su mochila hasta el auto. La ayudé a subir, le puse el cinturón y subí yo. —¿Cómo te fue hoy? —pregunte mientras arrancaba rumbo a casa. —Bien—respondió. ­—Te hice un collar—dijo mostrándomelo, lo miré de reojo porque no quería distraerme. —Me encanta, cuando lleguemos me lo pongo—le sonreí y ella se emocionó. —También hice una amiga hoy, dijo que eras muy bonita. Los niños de mi clase creen que eres mi mamá y por eso hoy todos me trataron bien. No supe que decirle, no tenía una respuesta a ello. —Cielo, creo que no está bien que ocultes información, deberías decirles la verdad y aun así creo que serían buenos contigo—por el espejo retrovisor vi su pequeña cara de culpa. —No te preocupes, mañana lo puedes solucionar, no es tu culpa—la ayude a bajar de auto y entramos a la casa. —Deja las cosas sobre el sofá—dije yendo a la cocina por agua. —¿Tienes hambre? —pregunté acercándome a ella con el collar entre sus manos. —No—respondió y me agache a su altura. —Ahora que lo veo mejor, es aún más hermoso. Gracias ¿Me lo pondrías tú? —pregunté y ella me sonrió de oreja a oreja colocándomelo. El collar tenía muchas perlas color violeta y además en él estaba escrito mi nombre junto a la de ella ‘’Elena & Emma´´.
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