El resto de la noche me la pasé coqueteando con Eric, soltaba risillas discretas y cruzaba la pierna a cada cierto tiempo para dejar piel descubierta; el pelirrojo estaba verdaderamente apuesto, definitivamente en el cielo se habían tomado el tiempo en tallar cada aspecto de su cuerpo para elaborar una casi perfecta obra de arte. Él no dejaba de seguirme la corriente, alagaba mi belleza a cada momento e incluso me guiñaba un ojo, cosa que hacía que Adrien se disgustase más, quien se encontraba en completo silencio, mantenía el ceño fruncido y apretaba la mandíbula. Amaba ver la forma en que los celos le salían hasta por los poros, pues eso me daba a entender que en realidad temía perderme. —¿Entonces sí sales con Adrien? —Eric preguntó, mirando de mí a él. Miré a Adrien, él se aclaró l

