EPÍLOGO

997 Palabras

PERLA La vida era lo bastante corta como para no disfrutarla al máximo. Y sí que la había disfrutado. Había reído, llorado, abrazado, amado e incluso justo ahora comenzaba a sentir lo que era el amor verdadero. Aquel amor del que Colette siempre me habló cuando estuvo embarazada. Tomé la mano que me ofreció Adrien para comenzar a caminar a través de la arena del hermoso mar de mi bella isla Las Bahamas, con mi otra mano, acaricié mi abultado vientre, ahí donde crecía un pequeño niño que me hizo feliz desde el instante que supe sobre su existencia. Aquel pequeñín que me quitó las ganas de continuar de fiesta en fiesta, para así disfrutar de la calidez que me ofrecía mi hogar, mientras me dedicaba a ver películas románticas al lado de mi futuro esposo, a la vez que comía palomitas. Eché

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