. . . . . Martina sigo mi recorrido tras la chica que me atendió, es un lugar precioso, hay muchos maniquíes, ropa perfectamente colgada en estanterías iluminadas, hay mucha gente, es gigante, estoy encantada, seria un sueño tener un lugar así algún día. —Siga por aquí— me dice la chica abriendo una gran puerta de madera pintada en color blanco. —Gracias— Digo y camino para entrar a una oficina que tiene vista a un jardín con una fuente de agua de piedra. En el escritorio está sentada una mujer joven de cabello castaño, gafas de marco n***o, que de hecho le lucen mucho, tez clara, ojos café. —Adelante— me enseña con su delicada mano la silla frente a ella. —Tú debes ser Martina— sonríe extendiendo su mano para que nos presentemos. —Si la misma— contesto de la misma manera

