― ¡No! ― Rebekka se retuerce en os brazos de sus captores mientras otro coloca las esposas en sus manos dejándola a merced de la desquiciada laboratorista. ― Me llama la atención tu habilidad, puedes controlar los metales y como he podido notar solo el movimiento de tus manos les manda lo que deben hacer ― camina hasta ella ― ¿Puedo pensar que es en tus manos donde tal poder se genera? ― Lo que dices es ridículo ― masculla. ― ¿Lo es? ― frunce el ceño cual niño que no comprende ― Bueno, veremos qué tan ridículo te parece cuando te las ampute ― le sonríe. Los ojos de la muchacha se abren por completo mientras el terror se tiñe en su rostro al pensar que esa mujer es capaz de cumplir con tal locura y ruega a quien sea que vela por ellos –sea una entidad sobrenatural o no- que p

