Capítulo 1: El nuevo inicio

3058 Palabras
El sonido de los árboles son suaves, sentir las hojas chocar unas con otras aunque no las estés tocando, el suave movimiento trae consigo un sonido que te mueve a la calma. Al viento recorrer entre todas las personas a su alrededor haciéndolas una entre ellas. La calma es lo que se siente mientras la grama sigue creciendo a cada segundo. ¿Te has sentado en la grama debajo de un árbol? ¿La has sentido entremeterse entre tus dedos? ¿Has tenido la necesidad de arrancarla porque el olor te parece atrayente o incluso para calmar tu propia ansiedad social? Esa ansiedad de solo mirar al suelo para que nadie pueda verte alrededor, para que nadie pueda descubrir los secretos que estas escondiendo. Esa ansiedad de no poder mirar al cielo y gritar a los cuatro viendo las verdaderas realidades de la vida. Te consumes en lo cotidiano para no parecer un desubicado aunque sabes y estas en lo correcto de que no lo eres, que simplemente no estás en la corriente del mismo rio que desemboca en el mismo mar, que estas creando tu propio caudal para llegar a recabar en tu propio mar. El sonido envolvente de las risas a los costados te hace ver todo mucho más lento, la cámara lenta existe cuando tú mismo la creas en tu cabeza, como si todo comenzara a tener vida y tu propia película está iniciando, un comienzo que nunca pensaste tener pero lo estás viviendo. La cámara filmadora esta ahora apuntando a tu dirección para mantener las expresiones que tú mismo no puedes ver. ¡Vamos! Son palabras a los costados que se pierden entre tantas bocas abriéndose y murmurando. -Un helado ¡SEÑOR!- gritan lo último mientras giras tu rostro buscando al verdadero procedente de aquel perturbador grito. Un niño es el que aparece en la periferia pero no te desagrada tanto como el sonido del grito. Sus zapatos están pisando al mismo tiempo que se tropieza y cae dejando que el dinero se esparza llevándose el viento consigo mismo el billete de dólar para el helado. Mis pies están picando por salir corriendo y poder alzar mi mano como si quisiera tocar al cielo y alcanzar el billete, y además debatirme como todos sobre devolverlo o quedarlo. Los niños tienen sus propias expresiones al azar pero ¿Las tendré yo? Las madres no mienten cuando te dicen las verdades pero, el amor que ellas posen hacia cada uno de ellos te deja en el devanado de la duda sobre la verdad que te acongoja ¿Siempre dicen la verdad o la disfrazan para tu conveniencia? Las respuestas nunca han sido una fase fácil para cualquier ser humano buscando la verdad detrás de cada pared. ¿Has visto un tonto correr en dirección a todos? Nunca, siempre quieren crear su propio rumbo y a mi parecer nunca han estado equivocados. -¡NIÑO!- otro exaltado grito me saca de mi propia angustia por no ir y tomar el dólar que puede servirme para comprarme mi propio helado. Un hombre adulto quizás como mi padre está llegando al lado del niño, restriega su cabello y le extiende sutilmente el billete que es extendido al mismo instante que es tomado hacia el hombre que ya tiene preparado un helado de chocolate que está comenzando a escurrir por los costados dejando ya pegajosa la pequeña servilleta que recubre el cono. El uso del vaso en mi parecer siempre será la mejor opción pero ¿Pagar por un vaso cuando un vaso puede ser comestible? Exactamente hablo del cono, no fue una mejor creación que esa para una persona amanten a la galleta y al helado juntos. Me dejo caer en el árbol mientras un par de niños están tirando de un cometa para que se eleve mucho más y más, mi cabeza no puede dejar de mirar hacia el hermoso ave que pareciera que esta extendido sus alas para salir volando alejándose de todo humano a su alrededor. Hermoso seria llegar a volar en las alturas como lo hacen ellos, mi madre siempre me ha recordado que mis alas se abrirán y volare por los cielos como una hermosa águila, que siempre podre reponerme y seguir adelante. Y cada noche trato de dormir pensando en ello, en ser una hermosa águila que extiende sus alas para ver el mundo a mí alrededor. -Jordi- me giro dejando de enfocar hacia el cometa en las alturas para ver a mi madre mirándome con una sonrisa -¿Quieres un cometa?- su pregunta me deja estático como si ella leyera mi mente –Volaras alto mi pequeño- sus rodillas están cerca de mi cuando ha caído a mi costado. -Volar- digo casi en un susurro extendiendo mi mano hacia el cielo, ella alza de nuevo su mirada, pero cuando ella ve el cometa giro mi rostro y la veo a ella, una sonrisa aparece en su rostro causando inevitablemente querer lanzarme a sus brazos. Me ataja rápidamente enrollando sus manos en mi cuerpo. -Vamos cariño- no me resisto cuando tomo su mano alejándome de todos los sonidos a mi alrededor, alejándome del cometa que vuela alto y del niño que ha acabado su helado dejando una parte del cono para su padre. Mi madre tira de mi mano alejando de todos mientras miro hacia mi ropa. El bonito traje de policía que me había regalado mi tío era igual de n***o como el de él, aunque los días varían según sus palabras, unos días estaba de traje y otros como yo, aunque no lo volví a ver así. La primera vez que me presento con sus amigos todos estaban vestidos iguales y los ame, los ame cada segundo hasta que obtuve mi traje. -¿Estas emocionado?- mi madre me pregunta, el auto azul esta ya frente a nosotros, asiento mientras mi sonrisa se extiende por mi rostro sin apartarla de mi madre que no deja de mirarme –Tu tío estará emocionado de verte- me siento mejor en mi asiento antes de que mi madre me cierre la puerta, ella se ubica a mi lado y me ajusta mi cinturón –Buscaremos a tu hermana- asiento mientras veo el auto comenzar a moverse. Las calles tienen más árboles que edificio y me agradan, la naturaleza es algo muy poco común aquí, pero centrarse debajo de un árbol me hace sentir como en casa. Mi madre siempre me acostumbro a disfrutar de la naturaleza y aunque soy pequeño, me gusta. Me gustan las carreras de autos y por eso tengo una pista para jugar en casa, también me gusta colorear, escalar y jugar atrapar. Pero también me gusta sentarme junto a mis padres y mi hermana para comer hamburguesas en nuestro patio trasero mientras podemos ver el cielo. Mi hermana siempre dice que es una pérdida de tiempo, pero para mí es mucho más que eso, aunque luego se arrepiente de decirlo cuando la veo tirada en la grama de nuestro patio mirando hacia él. Sé que le gusta tanto como a mí. -No te bajes- mi madre dice mientras abre su puerta y la veo ir hacia una casa conocida por nosotros.  Jonás es uno de los amigos de mi hermana, él siempre está detrás de ella para ayudarla, él no me agrada pero mi madre siempre me reprende por no querer estar al lado de él. Jung es mi amigo y aunque es coreano a mí me agrada, mi hermana no está muy feliz de que sea mi amigo pero creo que algunos debemos de aceptar que quizás los hermanos están para no agradar a los amigos, así que he pensado que puede ser mutuo. Mi hermana cierra la puerta trasera luego de quitar su mochila, mi madre entra al auto, mi hermana pasa entre los asientos  para encender el estéreo, no digo nada mientras apoyo mi codo para ver por la ventana. Mi cabello está siendo revuelto por mi hermana y no puedo evitar reírme aunque le doy un empujón logrando que ella caiga sentada en su asiento, ella revuelve de nuevo mi cabello antes de distraerse con una canción en la radio, su cabeza se agita de un lado a otro mientras mi madre nos regaña por estar haciendo tanto movimiento en el auto. -Llegamos- dice mi madre estacionándose al lado de un gran edificio, siento la emoción correr por mi cuerpo y mi sonrisa no deja de estar en mi rostro. -Se le iluminan los ojitos- dice mi hermana pero la ignoro mientras admiro el hermoso letrero del lugar en el que estamos, siento la mano de mi madre en mi hombro pero no dejo de mirar hacia el exterior ni cuando la puerta de su lado es cerrada. Salto de mi asiento cuando mi madre abre mi puerta, ella toma mi mano luego de cerrar el auto y me lleva hacia mi lugar favorito.   A los 14 años…   Toco la madera de los costados que están fusionados con el metal dejando en evidencia que ha sido remodelado a lo largo de los años, las yemas de mis dedos sienten el frio y la calidez de ambos materiales. -Jordán- la voz de mi madre me saca de mi trance cuando no puedo dejar de mirar hacia una simple baranda entremezclada de materiales. Me giro para verla a ella con los brazos cruzados, trago hondo dejando en evidencia lo avergonzado que me encuentro y más cuando la risa de mi hermana está dejándome aún más avergonzado. -Tus mejillas rojas se notan cada vez más- ella ladea su cabeza haciendo una mueca, mis labios se fruncen pero no digo nada porque mi madre está mirándome, ella saca la lengua cuando mamá está viéndome pero no se salva cuando va hacia su puesto. Vuelvo a mirar hacia la estación de policías y entro para que mi madre pueda irse junto a mi hermana. -¡Hey Jordi!- la recepcionista es una mujer mayor, ha pasado todos sus años en la policía, aunque la conocí cuando sus canas estaban empezando aparecer, pero ahora es como un copo de nieve que ama poder recibir y atender a quien llegue, es un amor solo cuando esta ella en el horario familiar, podría decir. Pero cuando Sergio aparece es la otra cara de la recepción, él está solo por las noches. -Oficial- alzo mi mano para saludarla, camino hacia el escritorio que tiene un vidrio separador y ella va hacia un costado para abrir la pequeña puerta, saca una tarjeta de visita y me la cuelga en mi cuello. -Ahora si pasa, no queremos que te confundan con un maleante- no puedo dejar de reír ni cuando ella revuelve mi cabello, la puerta se cierra detrás de mí y vuelvo a mi camino hacia la parte interna de la estación de policía. Algunos oficiales están sentados en sus escritorios y otros de ellos solo están mirándome con intriga, no puedo negar que algunos de los que me ven así llegan a causarme temor, pero mi tío solo me ha dicho que no debo temer de nadie más que de mí mismo. Alzo mi frente cuando escucho el saludo de algunos que he conocido un largo tiempo de idas y venidas a este lugar, mantengo mi camino hacia la oficina de mi tío cuando siento una mano en mi hombro. -Jordi- me giro para ver a mi tío mirándome con una sonrisa, me lanzo a sus brazos y el me abraza tan fuerte como yo a el –Te estaba esperando- -Tenía muchas ganas de venir- su sonrisa crece aún más cuando su superior pasa a nuestro lado y extiende su mano hacia mí. -¡Hey muchacho!  Nos tenías abandonados- el hombre mayor se posa delante de mí, su traje siempre está más gastado que el de los otros y las arrugas casi siempre están en sus pantalones y su chaqueta de traje color marrón, nunca lo he visto sin su placa al lado derecho y la autoridad siempre parece tener presencia cuando él llega. Sus canas aparecen cada vez más y cuando me pierdo tanto tiempo como estos días es cuando más se empiezan a notar, ha dado parte de su vida a la policía tanto como mi tío, y es lo que yo deseo hacer también, entregarme en cuerpo y alma. -Estaba de excursión- me excusa mi tío, el palmea mi hombro y sonríe. -Grandes tiempos, grandes compañías- palmea el hombro de mi tío para ir hacia su oficina cuando lo estaban llamando para que solucione unos archivos, no entiendo mucho pero mi tío se ha encargado de enseñarme poco a poco todo lo que se. -Vamos- me empuja sutilmente hacia su oficina, el cristal de la puerta es transparente y tiene su nombre pegado en blanco. “Detective Stone” Mi tío ha sido mi héroe desde que tengo memoria y aunque debería ser mi padre el que ocupe ese lugar, nunca vi una pelea entre ellos, creo que mi padre estaba orgulloso de que mi tío fuera mi guía aunque el fuera la de mi hermana, mi madre estaba emocionada de que desde pequeño encontré mi camino. -Me he inscrito en la academia- le digo luego de sentarme y entrelazar mis manos con temor en mi regazo. -¿Cómo?- su breve pregunta me hace alzar mi cabeza, sus ojos están abiertos con tanto asombro que no parece que se sintiera bien con lo que le confesé, pero mi conclusión fue muy apresurada y más cuando el salto de su asiento para venir corriendo hacia mi silla, el me levanta de golpe y me tira a sus brazos. -¡MI SOBRINO SERA POLICIA!- dice gritando a todo el personal luego de abrir su puerta con rapidez, todo grita y silban en una ovación que incluso logró sacar al jefe de su oficina. Los aplausos comenzaron y mis mejillas se tiñeron de rojo. -¡STONE!- la ovación es detenida de golpe cuando el jefe llama a mi tío, la seriedad vuelve a su rostro mientras el camino hacia la oficina  y yo me encierro de nuevo en la suya. El escritorio de madera tiene los rasgos de alguna agresividad de  mi tío, sé que no es un hombre muy paciente pero lo he visto volverse loco cuando descubre que el acusado que es culpable está saliendo el libertad luego de poner su vida en riesgo por atraparlo. A lo largo de los años he visto su pasión por hacer el bien. La puerta se abre.   A los 20 años…   El sonido hace que alce mi cabeza y más cuando la puerta se cierra, una carpeta es lanzada con violencia encima de mi pulcro escritorio color caoba. Mi tío me había ayudado a pintarla y aunque parezca tonto, mi hermana me ayudo a decorarla. La familia es lo primero y a quien debes tener de lado en un mal día, es por eso que cada parte de mi oficina tiene una parte de ellos. -¿Qué ocurre?- pregunto a mi superior que está dejándose caer en la silla delante de mi escritorio, arrastra el documento encarpetado hacia mí. -Estos casos siempre me causan molestia- no digo nada mientras tomo la carpeta y la abro dejando en evidencia un caso de potencia sobre un acusado de extorción y además de explotación juvenil. -¿Por qué yo?- cierro la carpeta y la dejo en el centro del escritorio esperando que el hombre me releve de este tan poco apetecible caso. -Porque tu tío era el mejor en esto- miro alrededor antes de dejar que mi mirada aterrice en los ojos felinos del hombre frente a mí –Siempre lo fue- lo veo levantarse con su ropa gastada y las canas apareciendo por su costado. No espera que yo pueda decir algo antes de que la puerta sea cerrada dejándome con un millón de dudas sobre lo que debo o no debo hacer en este momento. La vida policial siempre fue mágica desde el otro lado del televisor, desde el lugar del espectador pero aun así no me arrepiento de ninguna de mis decisiones. El aire abandona mis pulmones antes de levantarme y tomar mi chaqueta, arreglo mi arma y salgo de mi oficina.   A los 34 años…   El cielo siempre fue la mejor atracción para mirar mientras que las cosas salieran mal, sabía que cuando miraba la inmensidad entre sus colores me haría entender que nuca estaba solo entre los millones de pequeños seres en el universo. Sabía que tocar la grama y olerla me haría tocar la tierra con otros ojos, que no estaba perdido si siempre miraba hacia la inmensidad e un universo escondido debajo del hermoso y bello manto azul. Pero cuando encuentro la oscuridad al cerrar mis ojos entiendo que nunca estuve libre de los pecados que quedan impunes, nunca estuve a salvo del dolor y que mis lágrimas solo estuvieron retenidas bajo los lamentos de otros. La oscuridad ha tocado a mi puerta y me di la libertad de abrirla sin saber que podía esconder, que podía logra y que podía acechar. La niebla había llegado a cubrirme aunque pensé que estaba abrigado, el dolor embargo mi corazón aunque pensé que las banditas siempre me harían sanar, nadie nunca me dijo que dolería de esta manera porque no estaba en mi diccionario de lamentos. Ahora mirando hacia la inmensidad del cielo que queda pequeño antes mis ganas de saciarme y causar dolor, me he dado cuenta que mis ojos habían estado vendados por la capa de lo que se hacía llamar justicia, mis ojos estaban cerrados mientras mi ceguera crecía con la esperanza de que se hacía lo que podía y lo demás se lograba porque se creía. Ahora bajo el dolor de mi intermitente desolación en medio de la nada lleno de un todo, me doy cuenta que no estoy solo porque muchos han estado en mi lugar y han logrado salir adelante, me doy cuenta que no soy mejor de quien ha tomado la justicia en sus manos. Porque ya no estoy para juzgarlos cuando sé que mi camino va directamente a la par con los de ellos, que mi futuro es manchar mis manos de sangre para conseguir lo que la justicia no me dará para saciar. Venganza.
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