Con mucho cuidado Dante pasó su pulgar por la mejilla ajena, la suavidad con la que aquella caricia fue dada hizo que Victoria cerrara los ojos y su cabeza se inclinó hacia la palma buscando de forma inconsciente una nueva caricia que fue dada con la misma delicadeza que la primera, abrió los ojos y pudo ver como Dante tenía una sonrisa tierna en sus labios, su mirada tan dulce hizo que su rabia fuera disminuyendo poco a poco hasta dejar solamente un sentimiento de conformidad del momento en el que estaba, aquella caricia se sintió muy bien y le recordó el tiempo eterno que llevaba sin sentir algo parecido. – Vamos al laberinto y vemos si podemos llegar al otro extremo. – comentó sonriendo con la misma dulzura. – Si nos perdemos vamos a tener que gritar por ayuda. – Victoria sonriendo de

