—Todo eso estuvo mal, Olivia. —Alejandro tenía ahora el ceño fruncido con molestia.—Debiste decirme quién eras desde el principio. —Perdona por haberte mentido... —Alejandro la interrumpió. —Fue peligroso que salieras a escondidas conmigo, sin ninguna seguridad. Además, estoy seguro de que hicimos muchas cosas que te pusieron incómoda. —Estaba segura contigo. Nada iba a pasarme. Además, no me la pasaba mal, me divertía en nuestras citas. Siempre salía corriendo hacia ti porque estaba impaciente por verte. —Aun así, debiste decirme. —Lo sé. ¡Quise hacerlo, lo juro! Desde que me regañaste por tomar aquel canapé y me confundiste con una empleada. Pero luego dijiste eso tan feo que no pude hacerlo. —¿Qué cosa? —"La mayoría no sabe apreciar lo que tiene. Y son unos consentidos insoportab

