El local se volvió un desastre, los tipos del capitán Quema cráneo, se estaban volviendo locos y desordenando el lugar, algunos cantaban, otros vomitaban, otros no dejaban de ensuciar con la comida que ellos se devoraban sin piedad y otros se disponían a pelear por simples disputas de borrachos.
Mis padres y yo, ya estábamos cansados, pero, debíamos seguir atendiendo a los hombres del capitán Quema cráneo, para así estar en paz con ellos.
— ¿hasta cuándo debemos seguir regalándoles comida y bebidas? — le reclama mi madre molesta a mi padre.
— Hasta que se vayan, nos guste o no, el capitán Quema cráneo hizo mucho por nosotros, dar comida y bebida por una noche no será el fin.
Mi padre tenía razón, antes teníamos una peste de piratas que buscaban comida y ron gratis, pero sin los servicios de los hombres del capitán Quema cráneo, nosotros hubiéramos quedado en la ruina, aun así…
— Pero, padre, nosotros cerramos a las 10:00pm y ya son más de la media noche, tenemos que decirles que ya se deben ir. — dije a mi padre mientras yo aun servía las bebidas.
Como en todo local, nosotros teníamos un horario, a las 10:00am nosotros abríamos las puertas de nuestra taberna hasta las 10:00 pm. Por mucho que nosotros quisiéramos ser cordiales, no podíamos estar eternamente soportando la compañía de estos caballeros, pero mi padre, como siempre, tenía miedo de decir algo a los piratas.
— no podemos echarlos, debemos esperar a que se vayan, perdón, pero, esta noche creo que nos tocará desvelarnos. — dice mi padre.
No voy a pasar la noche entera, limpiando las desgracias de piratas borrachos, por mucho que la gente le tema al capitán Quema cráneo, no iba a quedarme callado.
— Lo siento padre, pero, no voy a quedarme callado… — dije.
— No iras a cometer una estupidez, ¿verdad Oliver? — me dice mi madre sosteniendo una sartén.
Salgo con una sirena que puede comerme en cualquier momento, yo digo que ya soy bastante estúpido…
— Claro que no madre, solo les iré a avisar a estos caballeros que cerramos por esta noche… — dije.
Pero mi padre, no iba a permitirlo, porque era claro que a los piratas de Quema cráneo no les agradaría mucho eso.
— No puedes, te lo prohíbo, si lo haces, podríamos tener problemas con Quema cráneo…
Pero, no le hice caso y me dirigí a la mesa principal donde estaban la mayoría de los hombres de Quema cráneo todos ebrios y cantando una canción.
YOU HO HO, SOY UN MARINERO DE ALTA MAR, MI NOMBRE ES CAPITAN, MAESTRO DE ALTA MAR, EL MAR ES MI HOGAR HO HO HO…
— CUFF CUFF — los interrumpí con una tos fingida.
— Eh…
— ¿Qué quieres?
— ¿Dónde está el ron?
— ¿Qué quieres mocoso?
— Enserio… ¿alguien se llevó mi ron?
— ¿Por qué nos interrumpes?
— Estábamos cantando…
— ¿y mi ron?
A los piratas que estaban muy felices cantando, no les gustó que yo, viniera a aguarles la fiesta, pero, no me importaba si no les gustaba que yo les interrumpiera su canto, tenían que irse.
— Pido perdón señores, pero, es que, la taberna va a cerrar… — dije tímidamente mientras mis clientes me veían con miradas muy amenazadoras.
Uno de ellos, se levanta y se acerca lentamente hacia mí, ese tipo era muy alto y muy grande, si quisiera, podía arrancarme la cabeza con sus dos manos, dolos Dios quiera que no lo estuviera pensando cuando me advirtió de que no les molestara.
— Escúchame niño, porque no más bien, te largas de este lugar y dejas de molestar… ¿acaso quieres morir?
Cuando oí eso, era claro que yo no tenía el control, ahora la taberna les pertenecía a ellos, pero, como hijo y heredero, tenía que ponerme los pantalones y defender mi local.
— Pues lo lamento, pueden venir mañana, pero el negocio está cerrado… — dije.
Me gusta ser bastante certero con los clientes, pero, cuando vives en una isla de piratas, es complicado que ellos sean respetuosos.
Después de decirles eso, ellos se abalanzan contra mí me levantan, lanzándome fuera de la taberna contra la mugre de la calle.
— Agg… que hijos de perra… ¿me acaban de echar del local? — dije al levantarme por la caída.
Me levanté y nuevamente entré al local para echar a esos piratas, pero, ellos otra vez, me toman en sus brazos y me arrojan afuera.
Mis padres salen de la taberna y me ayudan.
— Oliver, tienes que desistir, así son los piratas, mañana ellos se irán y volveremos a tomar el control. — dice mi padre.
— Hazle caso a tu padre, no quiero que te maten. — dice mi madre…
Yo no podía creer lo que estaba escuchando, somos los dueños del PIE, no sus clientes, si alguien tenía que irse eran esos putos piratas.
— ¿Qué? Es nuestro local, nuestro hogar, no podemos dejar que hagan lo que quieran…
— Pero son los hombres de uno de los siete jefes de la isla, si haces algo que no le guste a Quema cráneo, nuestras vidas…
— Lo entiendo padre, pero si alguien debe morir, que sea yo…
Corrí a la entrada y tomé una botella de ron y sin pensarlo se la arrojé a uno de los piratas, para que así, todos me prestaran atención, cuando logro hacerlo, les grito claramente.
— ¡Muy bien estúpidos, ruines y sucios piratas, largo de mi maldita taberna!
Tal vez, tengo el deseo de un suicida, todos ellos eran asesinos, violadores, ladrones, mercenarios y torturadores, y lo que hice, ya era más que justificado para morir.
Todos ellos se acercan y desenvainan sus espadas y sus pistolas, estaba muerto, era claro, me deje llevar por el momento, abecés odio ser tan estúpido cuando me enojo.
— Ah… mierda… oigan, creo que me deje llevar… — me disculpe al darme cuenta de la tontería que acababa de hacer. — ¿Qué tal si les orneo un Pie de cereza para que me perdonen?
Y uno de esos musculosos y peligrosos piratas, me sonrió preguntándome mis últimas palabras.
— Estas muerto muchacho, ¿Cuáles son tus últimas palabras?
Tenía dos opciones, huir o suplicar para que me perdonen la vida, ninguna funcionaría en mi caso, pero, por suerte uno de ellos, se acerca.
— ¿Qué sucede cerdos asquerosos? — pregunta el pirata del sombrero rojo.
— Este… este imbécil se quiere morir… — le responde uno de sus compañeros.
— Solo quiero que se vayan, es todo… — dije apegándome a mi deseo de que todos se fueran.
— Esa no es forma de tratar a tus clientes, chico… ¿Cómo te llamas? — me pregunta el del sombrero rojo mientras se me acercaba tambaleando.
Cuando ese pirata ebrio se me acercó, me di cuenta de algo, poseía la insignia de un primer oficial, lo cual significaba, que ese pirata joven, delgado y diferente al resto, era el jefe de todos ellos, él era el único que podía hacer que todos se fueran de mi negocio.
— Me llamo Oliver, Oliver Pié. — dije.
— Bien Oliver, cometiste un error, pero, podemos dejarlo a la suerte, una disputa, ¿te interesa?
Su aliento apestaba a alcohol, pero, que más daba escucharlo, al final, iba a morir.
— ¿Disputa?...
— Te reto a un duelo. — me dice ese raro chico al lanzarme una de sus dos espadas.
— ¿Qué?
¿Cómo que un duelo? Yo no sabía nada de un duelo con espadas, aunque mi padre ocasionalmente me enseñaba esgrima, jamás me interesó empuñar una espada de verdad… pero ahora, era cuestión de vida o de muerte.
— Chico, seré justo contigo, si me vences en un combate, nos iremos de aquí, pero, si yo te gano, te mato y nos quedamos el tiempo que nos dé la gana en tu local de mierda.
Un duelo, si gano, todos se van, si pierdo, seré asesinado y ellos seguirán con su fiesta.
La verdad esto no era bueno, pelear con espadas contra un pirata experimentado era suicidio, pero, no tenía de otra… de todas formas me matarán.
— Si te gano, ¿se irán? — dije al levantar la espada del suelo.
— Claro que sí y pagaremos por las molestias. — dice el chico del sombrero rojo.
Era una tontería meterme con un pirata, ellos saben pelear con espadas, ese es parte del currículo, no tendría oportunidad, pero, como lo dije antes, no tenía de otra, además.
— ¿estás seguro? Estas ebrio… — le dije a ese pirata presumido.
Ese idiota estaba muy borracho, tanto que ni siquiera podía mantenerse en pie, enfrentarme a un duelo contra un pirata era una tontería, pero, enfrentar a un pirata borracho, era otra historia, tal vez, sí tendría la oportunidad, tal vez, sí podría ganarle.
— Eres bastante amable, camarero… — me dice él con un tono muy agradecido.
— Este… ¿gracias? — Dije…
— Yo odio a los hombres amables… en fin, ¿estás listo?
Ya veo que vamos enserio, no podía distraerme, debía pensar en mis padres y en Libia, si muero, no poder estar con esa hermosa sirena, no podía permitirme no volver a verla.
— Estoy listo… — dije al tomar la espada con mis dos manos, apretando la empuñadura con todas mis fuerzas.
— Bien… ¡A PELEAR!
El hombre del sombrero rojo me ataca con una velocidad y fuerza que no podía creer en ese entonces, si él no hubiera dicho eso, me hubiera matado, pero menos mal, pude frenar ese ataque con mi espada.
— Bien, eres rápido, veamos hasta cuanto… — dice ese maldito.
— Espera…
El pirata del sombrero rojo, me empuja con su pierna derecha y salta para atravesarme con su espada, yo ágilmente, salto hacia la otra dirección y logro evitar que me atravesara, pero, en cuanto intento ponerme en guardia, el pirata del sombrero rojo ya estaba detrás de mí, y con una patada en la espalda me lanza contra una de las mesas…
— Ahhh!
— ¡pelea! — me grita el pirata al acercase más y más con su espada.
Era imposible que un borracho tuviera tanta coordinación, literalmente, estaba intoxicado, estaba borracho y no podía ni siquiera caminar bien, ¿Cómo era posible que ese pirata de sombrero rojo fuera tan ágil y letal con la espada? No importa, lo voy a matar…
Me levanto del suelo, y tomo uno de los platos que cayeron y se lo arrojo al pirata de sombrero rojo, pero, ese desgraciado, ni se inmuta y en el aire, corta el plato en dos…
— ¿un plato? ¿Acaso no quieres lanzarme también los cubiertos? — me dice él presumiendo ante sus colegas.
Todos los demás piratas se estaban riendo y divirtiendo de nuestra disputa, además de apostando.
— apuesto 3 monedas de cobre a que le corta la cabeza.
— Pues yo apuesto 5 monedas a que muere desangrado.
— Yo apuesto mis pistoleras a que el camarero se orina encima antes de morir.
— Yo apuesto 2 monedas de plata a que gana nuestro primer oficial.
Mis padres también estaban presenciando la pelea, pero, aunque ellos les suplicaban a todos los piratas que detuvieran el combate, no podían hacer nada, solo ver como su hijo iba a ser asesinado por un pirata con un gran sombrero rojo y con la habilidad de un demonio para la esgrima.
— Muchacho, ¿últimas palabras? — me dice el sombrero rojo.
Morir, claro que no… Libia era la única que podría matarme, no un sucio pirata con rasgos de mujer, antes que morir por ese idiota, preferiría que mi novia lo hiciera, al menos podría morir después de ver la cara de la chica que amo.
Así que me llené de coraje, me levanté, y comencé a chocar espadas contra ese desgraciado pirata, no tenía ni idea de cómo había entrado nuevamente al combate, solo sabía que poco a poco me redimí.
El pirata del sombrero rojo, se había confiado y de nuevo, comenzamos una extensa batalla de espadas, su espada y la mía, no dejaban de chocar uno con el otro, las chispas volaban y los piratas solo gozaban del espectáculo.
— VAMOS PRIMER OFICIAL.
— MATA ESE CAMARERO.!!!!
— APUESTO MAS DINERO. !!!!!
— YO TAMBIEN.!!!!!!!!!
Mientras estábamos peleando, pude ver que el pirata del sombrero rojo, tenía un punto siego, su sombrero.
— Oye, lindo sombrero. — dije antes de tomarlo.
— ¿Qué?
Me acerqué al sombrero rojo de ese pirata y lo usé para cubrirle los ojos, después, me escabullí y lo pateé contra una pared.
Tenía solo una oportunidad de matar a ese pirata, pero, cuando estaba a punto de atravesarle la espalda con mi espada, de repente, ese sujeto desapareció de mi vista y solo podía ver su sombrero.
— ¿en dónde está? — me pregunté al ver que de la nada ya no estaba…
De pronto, pude sentir como alguien me toma de mi camisa por la parte trasera y me lanza contra el suelo.
Cuando abro mis ojos, el pirata contra quien me estaba enfrentando, me había vencido, yo estaba en el suelo y él, estaba de pie, apuntándome en la cara con su espada… fue muy rápido, tanto, que logro tomarme por sorpresa.
— Eres astuto chico, pero no eres el único que usa ese sucio truco conmigo. — me dice él.
Ese pirata peli rojo y de cabellera larga con trenza era muy rápido, era tan rápido, que, sin darme cuenta, ya estaba desarmado, no podía pelear, aunque quisiera. En ese momento, me sentí mal, había perdido, me iban a matar y no volvería a ver a mis padres ni a Libia, ojalá hubiera podido hacer algo más…
— Ponte de pie… — me dice el pirata de sombrero rojo.
Estaba a punto de llorar, no mentiré, me sentía mal porque no pude hacer nada, siempre era lo mismo, cuando quiero hacer algo, siempre viene un pirata y me lo impide, eso me llenaba de ira.
— ¿y ahora qué?... — dije molesto por perder el duelo y pronto, la vida.
El pirata que me derrotó como si nada, se pone su enorme sombrero rojo y me mira a los ojos, listo para matarme.
— Me impresionas, pensé que eras un chico sin agallas, pero, bueno, superaste mis expectativas, una lástima, no existen niños con tantas agallas… es una lástima que tenga que matarte…
Pero antes de que el pirata del sombrero rojo, me cortara la yugular, un señor, con la voz del mismísimo satanás, entra al local y diciendo.
— Ah… claro que tiene agallas, no como ustedes, pedazos de excremento…
Todos los piratas, incluyendo al pirata del sombrero, se ponen firmes, guardan sus armas y bajan la mirada como fieles sabuesos. Yo no entendía nada, así que me giré y miré quien era el que había entrado y cuando lo vi, pude ver a un pirata con la barba roja y unos ojos que enfundaban terror… aun así con el respeto que ese anciano imponía con solo su presencia, le pregunté.
— Se,se,señor… ¿Quién es usted?
Uno de los piratas de la nada, me toma de la nuca y mi obliga bajar la mirada, diciéndome que le tuviera respeto a su amo.
— Ahhh! — grité de dolor cuando me agarró del cuello sin que me diera el tiempo para reaccionar.
— Shhh…. Tenle más respeto al capitán Quema cráneo.
Y es cuando el diablo se presenta, el mismísimo capitán quema cráneo había llegado.