—¡No sé de qué estás hablando, salvaje! Ese olor estaba impregnado en su ropa, podía percibirlo el doble debido a lo sensible que se encuentran mis sentidos. Me acerqué para olfatear más de cerca y solo brotaba ese fuerte olor. Con una mano sacudí las fundas de su traje por fuera y por el piso cayó una bola blanca, rodando por el mismo pasillo hasta detenerse a unos pies nuestros. Lo reconocí debido a las imágenes que mostraban en internet. —¡¿Ahora cómo piensas defenderte, infeliz?! Unas enfermeras intervinieron, amenazándonos a los dos de que llamarían a seguridad sino nos deteníamos. Solo por esa razón fue que lo solté. —Esto no se va a quedar así. Esta vez pagarás por lo que hiciste. Esto es un delito, espero estés preparado para asumir las consecuencias de tus actos. —¿Eso qué de

