Deseo

1047 Palabras
—¡Eres un desconsiderado y un sinvergüenza! —Al menos logré lo que quería. Has dejado de llorar para insultarme. Es un gran avance. Ya te lo dije, mi hermano no es merecedor de esas lágrimas. Por supuesto que debe dolerte, pero dicen que todo pasa por un propósito. Ahora duele, pero cuando menos te lo esperes, dejará de doler y recordaras esto como una lección de la vida más. Aunque ahora no lo veas, esto te servirá de enseñanza. Estas decepciones y golpes de la vida son los que te hacen más fuerte.  Él tiene razón, pero eso no quita ese dolor en el pecho de haber sido engañada tan vilmente. ¿Por qué me hizo creer que nos casamos? ¿Por qué me ha hecho todo esto? Pensé que realmente me amaba como yo lo hacía. Quiero olvidarlo, ¡voy a olvidarlo!  —Vámonos. No quiero estar más aquí.  Regresamos al auto que Dereck había rentado en el aeropuerto y nos encaminamos a mi pueblo. Me di cuenta de que por el camino, él no dejaba de abrir y cerrar la boca.  —¿Todavía te duele?  —Me están molestando. Siento como si se estuvieran moviendo.  —Debiste permitir que el dentista te examinara mejor.   —A simple vista no podrá dar un diagnóstico, por lo que me hará pruebas, y precisamente a esas pruebas son a las que huyo.  —Deberías tomar al menos ibuprofeno. Eso se supone que te ayude. Te lastimaste mucho anoche.  —Estaré bien. Aún puedo tolerarlo.  La verdad es que me sentía muy preocupada con lo que le estaba ocurriendo, pero no es como que pueda hacer algo. Me pregunto si los dos terminaremos así. Solo de pensarlo me da miedo.  Llegamos a la casa de mis padres. A esta hora mi papá debe estar en la fábrica trabajando. Ojalá pueda verlo cuando regrese, porque realmente lo extraño. Mi mamá me recibió con un fuerte y cálido abrazo. Sus lágrimas estaban al borde de sus ojos y las mías se encontraban igual. Sus abrazos tienen la habilidad de aflojar todas esas cargas y aliviarlas sin palabra alguna. Estaba feliz de volver a verla, luego de haber estado más de un año sin hacerlo. Le presenté a Dereck y él le saludó dándole un beso en la mano, lo cual me sorprendió bastante. No es un saludo típico, estaba claro que a mi mamá también le iba a tomar por sorpresa.  —Es un gusto conocerla. Es usted muy hermosa, Sra. Carmen. Ahora entiendo a quien salió Zaira.  ¿Está tratando de lamerle el ojo a mi mamá? ¡Qué descarado! —Por supuesto. Algo tenían que sacar mis dos hijas, y me alegra mucho que haya sido la belleza, porque si llegan a sacar lo de bellaca, las pierdo.  —Mamá… — mi cara quería caerse de la vergüenza.  —Disculpe mi ignorancia, pero ¿qué significa bellaca? — preguntó Dereck.  —Nada importante — le respondí.  —Adelante. No se queden ahí parados. Tomen asiento mientras les sirvo comida. Espero que tengan mucha hambre, porque tengo un caldero preparado de arroz con pollo y unas habichuelas guisadas que están para chuparse los dedos. A la que pruebas de aquí, de mí no te olvidas — su doble sentido lo capté de inmediato y, al parecer, Dereck también lo hizo. —Estoy muy intrigado. Muéstreme todo lo que tiene.  No puedo creer que le haya seguido la corriente a mi madre. Mi mamá parecía a gusto y él también. Con Aníbal nunca fue así, pues solo lo conoció a través de videollamadas. Es extraño que mi mamá no me haya preguntado sobre el vínculo que tenemos él y yo, pues por lo regular, es muy curiosa y al no verme con Aníbal, sería totalmente comprensible que me pregunte. Tal vez está esperando que estemos a solas.  Mi mamá se fue a servir la comida, cualquiera diría que nos estaba esperando y, mientras lo hacía vi a Dereck levantarse del sofá y caminar hacia la ventana. Se veía algo tenso e inquieto, por eso fui detrás de él.  —¿Qué te sucede? ¿Te sientes incómodo? Perdona a mi mamá, tiende a ser muy extrovertida.  —Hay un problema. Creo que me voy.  —¿Te vas? No, no puedes irte. ¿No me digas que es otro episodio? —No. No se trata de eso — me enseñó sus colmillos y me sorprendió ver qué habían salido de nuevo, y lucían mucho más puntiagudos que antes.  Otra vez volvió a pasar y esta vez mucho más rápido. No lo puedo creer. —¿Te están molestando? ¿Te los estás enterrando en la encía de nuevo?  —No. No se me están enterrando. Se siente que se acomodaron, pero puedo sentir como una presión, como si estuvieran estirándose más.  —¿Qué vamos a hacer? ¿Tienes sed? Tal vez si ingieres sangre se te vaya.  —No. Esta mañana lo intenté antes de ir al dentista y no funcionó. Tal parece que tendré que vivir con ellos. Creo que traje una mascarilla en la maleta, iré a buscarla.  —Espera… esto probablemente suene inadecuado, pero no tienes que ocultarlos. Se ven muy lindos. No puedo imaginar cuánto dolor estás pasando con esto, la verdad es que se ve extremadamente doloroso, pero no debes ocultar esta parte de ti. —Tu mamá puede verme.  —Ella no te hará preguntas. Y bueno, en caso de que lo haga, podemos inventar cualquier excusa. Dime, ¿cómo comerás si tienes la mascarilla puesta?  —La verdad es que estoy ansioso de comer lo que tú mamá y tu papá prepararon con tanto amor.  —Mi papá está trabajando y no sabe cocinar… — cuando caí en cuenta de su doble sentido, le di un sutil golpe en el pecho—. De verdad que no pierdes tiempo.  —Quiero besarte.  —¡Compórtate, pervertido!  —Lo digo en serio, quiero hacerlo. Es solo que sé que recibiré una bofetada. Aparte de eso, no quiero irrespetar la casa de tu mamá. No sé cuanto sepa de Aníbal, y no quiero ponerte en una situación complicada. Pero sí, tengo bajón de tus labios. Te los comería si me lo permites. 
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR