Su mirada llena de odio me traspasa y me hace temblar. Jamás creí que recibiría miradas como esas de él. Y mucho menos dirigidas a mí. -¿Sólo te quedaras ahí? -dice con voz dura. Veo como su mandíbula se aprieta fuertemente y una vena se empieza a notar en su cuello. Hace unas noches, yo estaba lamiendo aquella vena. Hoy solo la hago saltar como muestra de odio. -Bueno, si no quieres hablar, deberías ir-. -No -lo corto-. No me iré hasta que diga todo. Dank me perfora con sus ojos grises, pero al final suspira cansado. -Una oportunidad, Jenny. Solo tienes una. Asiento. Tomo varias respiraciones profundas. Entonces digo-: Lo siento. Sé que nada de lo que te diga hará que me perdones, pero aun así quiero decirte que lo siento. No dice nada. Continuo. -Sabes que mi padre se gastó

