Estoy en shock.
Todo por lo que trabaje se va a la basura. La perra no sabe que aún le dará dinero con o sin el acuerdo prenupcial.
Él sabe que lo engaña, y no le importa. Entonces la memoria USB en mi bolso no sirve de nada, esto puede acabar aquí y ahora y, ni siquiera puedo ilusionarlo y romperle el corazón. Ahora ya no sé qué hacer.
—Yo...—empiezo a decir, antes de que el mesero vuelva con toda nuestra comida en un carrito.
Mis manos tiemblan a causa de la impresión y estoy seguro que si alguien las viera de ese modo, podrían confundirme con un paciente de Parkinson.
—Después —dice Marcus matando la conversación.
Toda mi oportunidad de hablar se ha ido, aunque sigo tan asustada y sorprendida que no estoy segura de lo que quería decirle. Podría decirle quien soy y lo que hago. Podría sacarlo de su tormento y hacerle saber qué clase de mierda de perdona soy.
Pero no lo hago.
Porque eres una jodida cobarde.
Me dice mi subconsciente.
Espero paciente y el mesero empieza a repartir los platos, el empieza con Marcus, pero le hace señas para que empiece conmigo. Tan caballeroso y sin dejar sus modales a un lado.
Tan hermoso.
Delante de mí es puesto un platillo raro, pero que se ve delicioso frente a mí. Después de las palabras de Marcus, el apetito se me ha ido, toda la presión y el pánico se hacen presentes. No sé qué hacer, ni como terminarlo.
No se suponía que debía de ir así. No se suponía que debería de ganar la perra aun cuando él sabe que lo engaña. Y sobre todo, el maravilloso hombre frente a mí no debería de estar enamorado de alguien un poco más perra que su pronto ex esposa.
Tengo que detener todo lo que ella está planeando, pero sobre todo, debo detener que siga encariñándose conmigo. No puedo tener ni un ápice de amor de su parte.
El pánico sube y sube. Y pesar de que hay bastante aire aquí arriba en la intemperie me siento sofocada, siento como si estuviera atrapada en un espacio pequeño, reducido; en donde apenas en aire puede entrar y hacer contacto con mis pulmones.
Necesito un lugar al cual escapar y poder dar un respiro antes de que todo se descontrole, pierda la calma y todo se vaya al demonio. O peor aún, decirle toda la verdad a Marcus y romperle aún más su hermoso y bondadoso corazón.
Su corazón es valioso y lleno de amor. No debe ser arruinado por mi o por cualquiera, nadie será suficiente para este buen y hermoso hombre lleno de principios y respeto. Quiero salvarlo de la crueldad del mundo; y la crueldad que lo hare pasar yo.
Su esposa no tuvo la fuerza para hacerlo pedazos, pero después de sus palabras, sé que yo si la tengo. Y es lo que menos quiero.
—¿Me puedes decir dónde está el baño? —pregunto al mesero, mientras Marcus comienza a comer.
Ambos me miran con curiosidad, tratando de saber cómo es que pido ir al baño sin haber probado bocado alguno.
Es un momento de vergüenza, peor también debe ser un momento crucial. La vida de un hombre está en peligro por mi estupidez, y lo menos que quiero, es que el me termine odiando.
El mesero toma su tiempo, dedicándome una profunda mirada, hasta que al fin dice—: Claro, está por la entrada a la derecha. Pero es en el piso de abajo. —Bien, cerca de la entrada. Será más fácil de escapar.
Marcus hace indicio de querer levantarse y acompañarme, pero en seguida lo paro y le digo que está bien y siga comiendo. Me dedica una mirada llena de curiosidad.
Jamás había detenido alguna de sus acciones de caballero. Y ahora es un mal momento para hacerlo.
Sé que lo confundo, y eso hace de mi más basura.
Me levanto con delicadeza de la mesa, dedicándole una sonrisa tranquilizadora a Marcus; y si no noto que era una sonrisa de lo más falsa en mi rostro no dijo nada. O al menos quiso insistir en mi apresuramiento por ir al sanitario.
Tomo mi bolso rápidamente de la mesa en donde lo deje, doy media vuelta y empiezo mi huida.
Bajo rápidamente por donde vinimos y localizo con la mirada el baño. Voy rápidamente hacia él y entro. Es igual de lujoso que todo lo demás, y aparentemente está vacío. Tengo que planear una huida rápida, y que no se dé cuenta. Saco mi móvil de mi pequeña bolsa de fiesta y marco el número que necesito.
—Diga—su maldito acento presuntuoso y lleno de asco me saluda del otro lado.
—He terminado. Tengo que salir huyendo antes de que la descubran—digo la mentira, pero sé que puede oír pánico en mi voz, por lo que me creerá.
Espero un largo silencio, hasta que su voz de hurraca vuelve a estar presente.
—No sirve de nada niña. No te has acostado con él. Necesito las malditas pruebas, el me dará dinero, aun si me dan el 5% viviré el resto de mi vida plenamente. Así que termina el maldito trabajo, para eso te contrate—me grita y mi paciencia está yendo al límite.
Lo sé, me siento explotar en cualquier momento.
—No es necesario las pruebas, él sabe que lo engañas—digo y escucho una exhalación de aire por parte de la perra.
—Escucha maldita zorra. Te contrate y terminaras el trabajo, así si lleva pruebas de que lo engaño, diré que lo hice por despecho y venganza y...
—¡Él te dará el maldito 15% bruja!—Le grito interrumpo su molesto cacareo.
—¿Qué? —pregunta con asombro.
—El me trajo al maldito restaurant más caro del maldito estado, he incluso del país. Me dijo que sabe que lo engañas, pero es tan bueno que te dará que vivir. No quiere dejarte en la maldita calle zorra. Así que cierra la puta boca, manda un auto por mí atrás del restaurant con último maldito favor y hazme desaparecer.
Toma varios segundos y solo puedo escuchar su maldita respiración molesta al otro extremo de la línea. Quisiera poder viajar entre ondas y llegar hasta ella para darle una buena paliza.
Una donde casi pueda matarla.
—Bien lo que digas. A decir verdad lo hiciste bien. Fue un buen trabajo. Eres una perra talentosa debería decirlo. Te recomendare. Y sobre el auto, debería de llegar en dos minutos por ti. Gracias y nos vemos en el infierno—termina de decir la estúpida.
—Claro que nos veremos maldita perra. Y sobre recomendarme, creo que estoy lista para dejarlo—le respondo en un tono lleno de rabia y colgando al mismo tiempo.
Las lágrimas de pánico, miedo, rabia y tristeza empiezan a bajar por mis mejillas arruinando el maquillaje. Trato de respirar hondo, para poder salir de aquí y nadie me vea como una maldita loca.
Quiero tanto quedarme que me empieza a doler la cabeza; estoy en un terrible momento de moral y sobre lo correcto.
Para lo cual no hay tiempo.
El hombre maravilloso en aquella mesa me ha de estar esperado; así que al menos le debo una nota de despedida. Rebusco en mi bolso por un pedazo de hoja de papel y un bolígrafo que encuentro por casualidad, y escribo en perfecta caligrafía.
Sé que no debo darle una nota con letra echa un asco de todo médico. Además, él piensa que estudio literatura en la universidad de Boston. ¿Qué escritor escribiría como una mierda?
Supongo que todas las mentiras hacen el trabajo más duro. Debo fingir alguien que no soy y hacer cosas que no debería de hacer. Mi letra siempre fue una mierda; y sé que es un mal momento para empezar a criticarla, pero por el bien de nosotros, de hacer mí mejor intento.
Tomo el papel y empiezo a escribir.
Espero y puedas perdonarme por dejarte así. No estoy preparada para una relación, y no puedo quedarme a verte a sufrir mientras esperamos el postre. Perdóneme Sr. Scott. No deje que mi estupidez arruine una tan hermosa y costosa cena, y tampoco arruine su mirar a la vida. Le debo una gran disculpa, y sobre todo una explicación mejor que una nota de mierda mandada con el mesero. Espero sus sueños se cumplan y por favor, no me llame y no me busque. Al final entenderá que una mujer como yo jamás ganamos a hombres perfectos como usted. Cuide de usted mismo y jamás olvide que yo también llegue a enamorarme de usted. Sin embargo no puedo quedarme a su lado. Sea feliz. Con amor.
Julia.
Pd. Me hubiera gustado que las cosas sean diferentes, pero al final no era yo misma.
Con lágrimas nuevas. Tomo la nota y deposito un beso en ella pintándola de carmín. Tomo mi móvil y lo apago, no debo dejar ni un cabo suelto; y lo conozco como la palma de mi mano. Seguro empezara a llamarme en cuanto la reciba mi nota, y lo que menos quiero es desatar un drama que llame la atención.
Salgo del baño y busco con la mirada a Noé. El cual localizo rápidamente saliendo de la cocina.
Camino rápidamente hacia a él y lo tomo por sorpresa al ponerme en su camino.
—¿Desea algo?—Pregunta un poco preocupado mirando hacia las escaleras de la terraza—. ¿Hay algo mal es su servicio y el del Sr. Scott?
—No. Todo es maravilloso—trato de darle una sonrisa pero sale más como una mueca—. ¿Podrías darle esto al Sr. Scott?
Pido, dándole una mirada suplicante. Tratando de contener las lágrimas que amenazan con salir de mis ojos.
—Por supuesto. —Mira extraño la nota, y después me mira a mí. Se percata de mi estado rápidamente y hace una cara de enfado—. ¿Está usted bien?
—Yo, um. —Estoy trabada—. Yo tengo que salir de aquí, un familiar tuvo un accidente y debo irme—. Miento.
—Seguro, yo se la entrego. ¿Desea algo más?
—¿Podrías guiarme a la salida de atrás?—pregunto esperado me ayude.
—Lo siento, pero no hay salidas por atrás. Bueno miento, si la hay pero solo es para empleados.
—Esa busco, ¿podrías llevarme?—pregunto con un tono un poco desesperado que logra captar la atención de Noé.
—Claro, pero, podría preguntar el ¿Por qué?
—No quiero que el Sr. Scott me siga. Por favor—digo con una mirada suplicante.
Noé suspira, pero me hace señas para que lo siga. Mientras pasamos por la cocina y la sala de descanso, noto como Noé se desvía a lo que son los vestidores.
—Mira, no te conozco, y tal vez son suposiciones mías. Pero noto que no estás bien, y tampoco lo estará el Sr. Scott. No sé por qué huyes de él, y no sé por qué solo le estas dejando una "nota de mierda" —dice levantando una ceja y mis mejillas se calientan en seguida. La leyó y no me di cuenta—. Pero no es mi trabajo preguntar. Tampoco sé por qué está aquí una chica con un vestido de Target. Y antes de que digas algo, lo sé por qué mi hermana mayor tiene uno igual. Así que no te preguntare nada de eso y solo te diré que tengas. —Termina dándome un papel con un número telefónico.
—Um, gracias. —Digo tomándolo.
—Tal vez necesites un amigo. Llámame y te diré como terminaron las cosas con el Sr. Scott después de que recibió esto —dice enseñándome la nota —. No diré nada ni preguntare nada, pero si algún día quieres alguien con quien hablar sobre la locura que está por ocurrir y el por qué. Tendrás mi teléfono. Sé que soy un desconocido, pero merezco crédito por el favor —dice sacándome una pequeña sonrisa.
—Gracias. —Le digo con sinceridad.
—No agradezcas. Mientras voy a entregarle esto a tu chico, vete. La salida está al fondo a la izquierda. Y es mejor que te des prisa antes de que te busquen y te puedan encontrar.
Asombrada y un poco agradecida por el chico que apenas conocí. Me doy la vuelta. Encuentro la salida y antes de salir me topo con la mirada de Noé; este me guiña uno de sus preciosos ojos, y con el sonrojo en las mejillas salgo al aire fresco de la noche. Un taxi está esperándome. Subo a la parte trasera y doy mi dirección.
Mientras el taxi toma su camino, veo por la ventana un Sr. Scott destrozado leyendo la nota. Y un preocupado Noé que sigue con la mirada el taxi donde estoy escapando. Me mata ver a Marcus así. Pero más me iba a matar seguir fingiendo, mientras mi corazón seguía confundido.
Las luces de la cuidad se pierden, y parecen que lloran junto a mi corazón al saber el daño que le haré o le estoy haciendo al señor Scott.
Quiero una máquina del tiempo y corregir todas mis decisiones que me llevaron a este trabajo desde un principio. Quiero revertir todo el daño y arrepentirme de los pecados que he provocado.
¿Qué diría mi madre si me viera?
¿Qué diría 'él' si lo supiera?
Con miles de preguntas, recuesto mi cabeza en el asiento trasero del taxi, mirando hacia el infinito y el rio de luces que se amontonan y me miran; viéndome como huyo.
Me digo a mi misma que no hice algo malo, aunque sé que estoy más haya de equivocada. Me digo a mi misma que es por mi futuro, aunque sé que la avaricia me consumió primero.
Y me digo, que este es solo un cacho de mierda en mi vida que se quitara. Y lo olvidare, riéndome en un futuro de lo estúpida que llegue a se
Y que al final se, que no importa lo que digan. En definitiva, este no fue un buen trabajo.