Llegaron las Navidades, pero por primera vez en muchos años, fueron diferentes. Se echaba de menos a la yaya Remedios, sus mimos y sus risas. Como cada año, al inicio de las fiestas, Alba decoró la casa con su madre y su abuela con los mismos adornos navideños que tenía desde niña. Campanillas doradas y rojas, ángeles celestiales, bolas de colores, e incluso la bola azulada que llevaba rota media vida, pero que tanto cariño le tenían y se negaban a tirar. Pusieron espumillón por toda la casa. Allí la Navidad siempre se celebraba por todo lo alto y, cuando el árbol estuvo colocado en su rincón y José acabó de montar el belén en el aparador, los cuatro se abrazaron. Una nueva Navidad juntos. La separación de Alba se formalizó y no volvió a saber de Sergio, que parecía haber desaparecido d

