VALERIA Me giré hacia la izquierda y me acurruqué contra la enorme almohada a mi lado. Era tan cómoda... y sabía que no quería levantarme por nada del mundo. Pero en mi subconsciente algo hizo clic. No estaba en casa. Y esa “almohada” no era una almohada. Era Leandro. Abrí los ojos de golpe y me senté de inmediato. Las sabanas nos cubrían de la cintura para abajo y yo... yo tenía un aspecto horrible. Tragué saliva. Podía ser que él todavía estuviera desnudo ahí abajo. Por la noche no fue problema, pero ver el pene del tipo frío del trabajo a plena luz del día... eso ya era otra historia. Lo que podía ver de su cuerpo, la parte de arriba, seguía desnuda. Yo me había vuelto a poner mi camiseta, bueno, su camiseta, después de lo de anoche, así que pensé que no significaba gran cosa. Ech

