Angelo luchó para controlar a su amiguito totalmente listo para la acción, aún no era el momento y él ¡No era un maldito adolescente hormonal, como para correrse con una simple sonrisa! —Gracias, creo que lo necesito —respondió luego de un largo silencio, esbozó una sonrisa perfecta nuevamente y Angelo tuvo que tragarse la maldición que amenazó con abandonar sus labios al sentir el tirón de su entrepierna y su pene apretándose contra la pretina de su pantalón. Sirvió el whisky en los vasos con destreza y elegancia, agregó un poco de hielo, y bebieron sin apartar la mirada uno del otro. El color plata y el verde musgo se enfrentaron. La chica recorrió el rostro de Angelo con curiosidad, su barba finamente recortada de estilo candado le hacía ver maduro, varonil e interesante, su sexy y t

